"La clase gobernante, enfrascada en juegos estratégicos para hegemonizar el poder, nos ha entregado un parto de los montes inscrito en buenos deseos, supuestamente obligatorios, que la pondrán a prueba. Por lo pronto, la única ventaja del pronunciamiento del Consejo de Seguridad es que ahora todos juntitos se verán más bonitos a la hora de recibir el juicio de sus acciones dentro de 100 días.
A partir de ahora, la situación que guarde la evolución de la inseguridad en el país caerá sobre toda la clase política, no solamente sobre este o aquel gobierno, azul, verde, amarillo o variopinto.
Pero, zserá ese un incentivo suficiente para que la clase política se desintoxique de las pócimas del sistema de la Revolución Mexicana que origina la descomposición y que aún padecemos? Nada indica que así sea.
Después de los discursos del senor Alejandro Martí y la senora María Elena Morera, de las solemnes palabras de varios políticos y la firma de otro papelito más, se reanudó el juego de echarse la culpa unos a otros. Entre las notas de color sobresalen las palabras de ese prohombre que gobierna Oaxaca, Ulises Ruiz, a Marcelo Ebrard: ""El crimen de Martí se cometió en el Distrito Federal"".
Desde Ixtapan de la Sal el PRI nos anunció que ahora sí él y sólo él va a proponer la legislación anticrimen que de verdad nos hace falta. Por si no bastara, en el desfile de la firma se sirvieron rubricar próceres impolutos como Romero Deschamps y la senora Gordillo. En fin, puros angelitos que nada tienen que ver con el quebranto de la columna vertebral del Estado, sólo con resolver el problema. ?Vaya cinismo!
Sabemos que la política y la ética son mutuamente repelentes. Cualquier estudiante de ciencia política lo sabe, de Maquiavelo a Sartori. La ética solamente penetra en la política cuando la exigencia social educada y certera eleva hasta las nubes el costo que los políticos deberán pagar por delinquir, corromperse, hacerse de la vista gorda o no hacer la chamba. Sólo cuando esto sucede se dispone de un régimen traducible en códigos de conducta habitual y confiable.
Hoy no podemos sino confiar en lo contrario. No hay que perder de vista que aún estamos del otro lado del río: en los sólidos cimientos del régimen de poder que crearon Calles y Cárdenas, irredimible desde la más elemental perspectiva democrática.
Es el régimen que las tres fuerzas políticas decisivas del país se disputan y se empenan en preservar. Es el régimen que induce a los juegos estratégicos hacia las elecciones de 2009, para los que la seguridad de los ciudadanos es solamente una pieza más en el tablero, a menos que el costo de ese proceder haya sido ya elevado por encima de las ventajas de la complicidad por omisión o comisión. No hay evidencia alguna de que esto haya pasado. [email protected] * Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.
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