"Raúl Cremoux * El Universal. Haciendo de lado la reciente promesa de reestructurar la policía metropolitana y la limpieza a fondo que exige la Procuraduría local, el GDF realizará un ejercicio en el cual dice que medirá la voluntad popular de aprobación o no de la reforma petrolera. Para ello empenará tiempo, energía, recursos humanos y económicos que podrían emplearse en cumplir promesas tan urgentes y necesarias como las mencionadas. O al menos bachear la ciudad. De entrada, aún no están instaladas las más de 4 mil casillas que debieran estar en lugares estratégicos; no se sabe cuándo se entregarán las boletas y, además, se ignora quiénes serán los responsables tanto de cada lugar como de su concentración, resguardo, confiabilidad y contabilidad.
Dos son las preguntas que el ciudadano deberá responder con una lacónica afirmación o una negativa. La primera dice: ""Actualmente la explotación, transporte, distribución, almacenamiento y refinación de los hidrocarburos son actividades exclusivas del gobierno, zestá de acuerdo o no que en esas actividades puedan ahora participar empresas privadas?"". Como bien se sabe, desde hace varios decenios ya intervienen empresas privadas en esas tareas; vamos, desde la expropiación petrolera. En consecuencia, la interrogante, en el mejor de los casos, está sesgada. Parte de realidades falsas y esto induce a pensar como si se tratara de algo nuevo y por ello con un grado de dificultad que se inclinará por lo más sencillo y conocido. Con ello se evita en el ciudadano una mayor reflexión. La respuesta mayoritaria ya está delineada; será ""No"".
La segunda pide respuesta a una de las incógnitas mayores que hoy tiene la población: saber qué ocurre en el Senado, donde tiene lugar un largo, complejo y especializado debate. Se han hecho foros sobre temas tan ajenos al dominio popular como la detección de mantos petrolíferos en aguas profundas y someras, importación de gas licuado o natural y refinamiento de polímeros de baja densidad. Se han visto las conveniencias que debieran acoplarse con fuentes de energía alternativa como la solar eólica, maremotriz y nuclear. Se ha discutido sobre la tecnología noruega y también la de los biocombustibles brasilenos. Por ello, al inquirir sobre si se está de acuerdo o no con que se aprueben las iniciativas que actualmente se ventilan, la reacción inmediata tiene que ver fundamentalmente sobre el conocimiento de las mismas. La respuesta masiva inducida será un gigantesco ""No"".
La consulta o como quiera llamarse pasa por alto asuntos torales como la sobrecarga fiscal de Pemex, la autonomía de esa empresa, papel del sindicato y la pertinencia de modernizar las refinerías. Si ya sabemos hacia dónde conduce ese río, zcuál es el propósito de seguirlo hasta su desembocadura final? La respuesta a esta pregunta es obvia: tiene un fin político, senalar y publicitar lo más amplio posible un fracaso popular de la iniciativa de reforma petrolera. De facto, presenciaremos un referéndum que excluye los principios básicos de ese ejercicio: sencillez y claridad sobre temas bien conocidos por la ciudadanía. La pregunta, la básica que debiera incluir este espectáculo, bien podría ser la siguiente: ""zEstá usted de acuerdo en que exista un Congreso que nos represente y en el cual se ventilen y debatan todas las ideas e iniciativas, o usted preferiría que se declare su inexistencia?"".
*Escritor y periodista
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