Consulta Verde para comenzar

De entrada, nadie puede estar en contra de que a la gente se le pida su opinión sobre todo lo que el gobierno pretende hacer, cuando estamos en pleno acondicionamiento para el ejercicio democrático.

La consulta directa, sin embargo, que no llega a plebiscito ni referendo, usados para votar leyes o ratificar gobiernos, parecería marginar a la Asamblea Legislativa por donde, en teoría, se expresan los deseos del pueblo.

El Gobierno del Distrito Federal hizo lo que llamó Consulta Verde, entre los habitantes mayores de 18 anos, en busca de aval para obras que pueden ayudar a reducir la contaminación de la capital. El total de los participantes fue de 472 mil, cifra que superó las expectativas de 300 mil personas.

Se pudo opinar en módulos instalados en calles, plazas, jardines, cadenas de tiendas y autobuses; por internet y por teléfono, mediante la presentación de una credencial del Instituto Federal Electoral y hasta sin ella, y se encargó una encuesta de salida.

El experimento resultó de interés, aunque algunos de los participantes revelaron en entrevistas periodísticas su desconfianza y sus dudas de que las opiniones sirvieran efectivamente de algo.

Los más perspicaces observaron que las preguntas fueron formuladas de manera que se inducía un sí como respuesta, puesto que nadie podría estar en contra de que se construyan nuevas vías del ferrocarril metropolitano, el más rápido, seguro y económico medio de transporte; se cambien microbuses viejos por nuevos, se abran más espacios verdes, hasta en las azoteas; los taxis sean reemplazados por vehículos con motores menos contaminantes y se regule la circulación de camiones, así como que sea obligatorio el transporte escolar privado.

Algunas preguntas no pudieron ser contestadas por falta de información adecuada. zQuién puede apoyar que se perforen 500 pozos de absorción de agua sin saber exactamente de qué se trata y cómo puede afectar o no el subsuelo?

Sin desdenar esta prueba, hay que revisar la utilidad derivada de ejercicios similares hechos anteriormente.

A poco más de siete meses de su toma de posesión, el jefe de Gobierno del Distrito Federal debe conservar todavía buena parte de la confianza de sus electores y de la solidaridad de decenas de miles de los empleados de la ciudad.

La práctica no es mala, excepto que se abuse de ella y sirva para aminorar la gran carga de responsabilidad que cada funcionario tiene, pues son elegidos precisamente para que decidan en favor del bienestar de los ciudadanos. De antemano, todo el cuestionario pudo haber sido contestado con un sí, como si nos preguntaran si queremos acabar con la corrupción, el crimen organizado, la inseguridad, el desempleo y el favoritismo oficial con los socios, amigos y parientes.

Vamos pues, gobernando con los principios bien conocidos, seguros de que los ciudadanos estarán de acuerdo en ello. Esperemos que la Consulta Verde derive en acciones que beneficien a los habitantes de la ciudad de México. (El Universal).