Autoridades federales contuvieron una nueva caravana de migrantes que ya caminaba de Ciudad Hidalgo hacia Tapachula, después de haber ingresado a territorio mexicano por la Frontera Sur.
En las acciones fueron detenidos unos 500 centroamericanos, aunque se calcula que otros 200 se dieron a la fuga, pese a que existía presencia de personal del Instituto Nacional de Migración, la Policía Federal, de las secretarías de la Defensa Nacional y Marina-Armada de México adscritos a la Guardia Nacional.
Por la mañana de este miércoles, grupos de migrantes ingresaron a México por el puente internacional “Rodolfo Robles” y por el río Suchiate, sin aceptar los ofrecimientos de las autoridades migratorias de legalizar su estancia.
Hombres, mujeres y niños, muchos de ellos que eran llevados en carreilas, se concentraron en el parque central de Ciudad Hidalgo y emprendieron la caminata hacia Tapachula, toda vez que establecían que su objetivo es llegar a Estados Unidos y pedían no ser molestados por las autoridades ya que “sólo vamos de paso”.
Cuando se desplazaban a la altura de la población de Metapa de Domínguez, fueron interceptados por las autoridades federales que detuvo a unos 500 que fueron subidos en autobuses y vagonetas del Inami para ser trasladados a la Estación Migratoria Siglo XXI.
Con la presencia de personal de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y organismos no gubernamentales de protección a migrantes se realizó el operativo para contener la nueva caravana.
Diálogo
Elementos del Inami intentaron dialogar con los migrantes que encabezaban la caravana con la finalidad que “se entregaran y no pusieran en riesgo a niños y mujeres”, sin embargo muchos emprendieron la huida entre los matorrales.
Al verse rodeados por los elementos federales y militares fueron regresando, aunque se dieron algunos jaloneos con elementos migratorios y federales sobre la carretera y bajo un intenso calor que llegaba a los 40 grados.
Un migrante sufrió una convulsión al momento del operativo y el personal de servicios de emergencia tardó varios minutos en llegar para brindarle auxilio, aunque finalmente fue subido a una ambulancia y trasladado al hospital regional para su atención médica.
En autobuses y camionetas vagonetas conocidas como “perreras”, los migrantes fueron subidos, muchos de ellos llorando por haber sido detenidos.
Minutos antes habían realizado una oración para “pedir a Dios nos ayude a continuar nuestro camino”, decía una mujer identificada como Fernanda.
Wilfredo Rosales y José García, ambos hondureños, coincidían en que iban en busca de mejores oportunidades hacia los Estados Unidos, aunque también aclaraban que si en México les brindaban asilo y les daban trabajo se quedarían en esta nación.
“En Honduras no hay empleo, no se puede vivir, hay inseguridad y la violencia es mucha, por eso salimos”, mencionaban por separado.
Momentos después de ello eran interceptados por las autoridades migratorias, federales y militares que no se opusieron cuando un grupo de los centroamericanos se metió entre los matorrales, volvió a salir del mismo y por la carretera se enfiló nuevamente hacia la frontera de Ciudad Hidalgo.












