Contra la pared

"Jean Meyer* SUN

Dijo el obispo de Saltillo, Raúl Vera, al comentar la preocupación de Benedicto XVI por México: el Papa ""sabe por qué México está donde está"" y retoma el senalamiento de su predecesor en su Exhortación Apostólica Ecclesia in America: se trata de ""pecados sociales"" y, como se dijo hace muchos anos, tanto en Medellín (Paulo VI) como en Puebla (Juan Pablo II), vivimos en un estado de ""pecado social estructural"" y colectivo.

Cuando el Papa dice: ""En algunos ambientes, por afán de poder, se han deteriorado las formas de convivencia y la gestión de la casa pública (...) todo esto lleva a diversas formas de violencia, indiferencia y desprecio del valor inviolable de la vida"" (15 de septiembre) cuando menciona la pobreza y la injusticia social, no podemos no sentirnos interpelados. Nuestros gobernantes no deberían sentirse personalmente agredidos y reaccionar diciendo que las expresiones del Papa ""se toman como lo que son: una opinión"", o que el Vaticano debe manifestar ""respeto (...) todo mundo tiene derecho de manifestar lo que cree y piensa, pero hay mecanismos por los que se tiene que hacer"". Menos mal que el subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos (?vaya, vaya!, ?qué coctel!) haya declarado que los problemas senalados por el Papa son ""el reto de esta generación de mexicanos comprometidos con la democracia, el bien común y la justicia social"".

El Papa invitó a los obispos mexicanos a enfrentar el fenómeno migratorio, asumiéndolo como una prioridad pastoral, con el apoyo de la Iglesia católica de Estados Unidos. La migración que empezó en 1880 se ha vuelto un mecanismo fundamental de nuestro sistema económico, social, financiero. Su costo personal y familiar sólo lo conocen esos ""muchos que trabajan en condiciones precarias, en un estado de indefensión y afrontando con dificultad un ambiente cultural distinto a su idiosincrasia social y religiosa"" (Benedicto XVI).

Ese flujo que empezó hace 125 anos en el centro-oeste de México, arrastra ahora todo el país, incluso el lejano sureste chiapaneco. Ahora nuestros políticos han descubierto a los millones de compatriotas que huyeron de la miseria y de la inseguridad o que se fueron al norte para mejorar sus condiciones de vida o, teniéndolo todo en México, todo menos la seguridad, para vivir en paz, han descubierto que bien podrían pescar votos en un enorme vivero electoral. De la misma manera interesada, Hacienda aprecia los 20 mil millones de dólares que México recibe en 2005 por concepto de las remesas que envían los ""paisanos"" y que representan 15% de las remesas mundiales. Depender del dinero que mandan quienes trabajan fuera no es una política económica, como tampoco lo es depender de los ingresos extraordinarios ligados a los altos precios del petróleo. Algún día, no muy lejano, se acabarán esas dos fuentes y nos encontraremos, literalmente y no sólo moralmente, contra la pared.

Por lo pronto las remesas han superado el monto de las divisas por turismo e inversión extranjera directa. Han llegado a representar 70% de las ventas totales de petróleo (el alza vertiginosa de 2005 cambiará esta última cifra). El auge de las remesas alivia, más que cualquier política social, las condiciones de pobreza ligadas a su vez a la falta de empleo en estados como Durango, Zacatecas, Michoacán, Guanajuato, Oaxaca, Puebla, Chiapas, que expulsan a su fuerza de trabajo.

La mayor parte del dinero enviado se gasta para alimentar, vestir y alojar la familia. Ese gasto doméstico estimula los deprimidos mercados regionales. En 2004 en varios de los estados mencionados, las remesas fueron mayores que los ingresos propios generados por los gobiernos. Durango y Zacatecas figuran entre los estados cuyos montos por divisas son mayores de dos a 10 veces que los ingresos propios. No es sorprendente que, con Michoacán, hayan sido de los primeros en pedir y aprobar el derecho de voto para los ""paisanos"", si en varios distritos el número de los que trabajan en los ""Yunaites"" es mayor que el de los que se quedan en esos pueblos fantasmas: ancianos, mujeres y ninos; a veces abuelos y nietos, porque las mujeres también se van, para trabajar y acompanar, cuidar, conservar a sus hombres. Las remesas están más allá de los elementos de la política de desarrollo del país y son, sin embargo, un factor vital en la economía de muchas familias y por ende en la economía nacional. ?Tanta gente nuestra dependiendo de algo que no controlaremos nunca, a saber la economía de EU! Eso nos lleva a una pregunta seria: zcuál es mi verdadera patria? zDonde nací o la que me da de comer, a mí y a los míos? Si uno piensa que muchos migrantes, a veces acomodados, hasta ricos y muy ricos van huyendo de la inseguridad o buscan mejores oportunidades para sus hijos, estará empezando a contestar a la pregunta. No es por sorprender que son más numerosos ahora que hace unos anos, los que quieren quedarse allá y se esfuerzan para llevar, poco a poco, toda la familia (tres generaciones de ella).

El fenómeno no es exclusivamente mexicano, afecta a toda América Latina y más allá; en Europa pasa lo mismo, con migrantes africanos, asi*ticos, de Europa Oriental y de... América Latina. El colmo es que quienes fueron olvidados durante muchos anos y esquilmados cada ano en nuestras fronteras, cuando vienen a festejar a la Guadalupana y la Navidad, ahora son vistos como botín electoral y fuente de dinero. Los gobiernos les exigen que continúen enviando patrióticamente sus remesas a fin de garantizar la buena salud de nuestras cuentas nacionales. Hacienda se las ingenia para canalizar y captar ese dinero e incorporarlo en un modelo que tiene poco que ver con el desarrollo. Depender de un recurso no renovable como el petróleo, de la exportación de la fuerza de trabajo y de la captación de remesas, ni es desarrollo, ni es política económica. [email protected] * Profesor investigador del CIDE

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