Control y transparencia electoral

Da la impresión de que las campanas electorales son más un asunto de penetración mediática que de discusión de ideas y proyectos de nación.

En los comicios de los últimos anos, la tendencia que pareciera imponerse en nuestro país es que el candidato que invierte más en imagen y presencia en los medios electrónicos de comunicación es quien aventaja a los demás, independientemente de la solidez de su oferta política.

El resultado ha sido un desmesurado gasto de los partidos políticos en radio y televisión que, en muchos casos, los ha llevado incluso a sobrepasar topes de campana establecidos por la ley o a endeudarse más allá de sus posibilidades lógicas de financiamiento. En mayor o menor medida esto ha acarreado consecuencias a todos los partidos políticos: sanciones, multas y hasta recursos penales, en el caso de institutos políticos efímeros.

Sin embargo, la ley electoral todavía es limitada para regular gastos de precampanas y campanas, como reconoció ayer el consejero presidente del Instituto Federal Electoral, Luis Carlos Ugalde, quien urgió al Poder Legislativo a poner al día las leyes respectivas, de tal suerte que se detenga esa creciente tendencia de los partidos hacia el derroche financiero en medios electrónicos, con objeto de mantener vigente la imagen de sus candidatos, la cual, como hemos dicho, no necesariamente se está respaldando con un buen nivel de debate político ni de ideas.

Sería inaceptable que la consolidación de la democracia en México sea reducida a una simple lucha de logotipos y frases de mercadeo.

Dijo también que es necesario disenar mecanismos alternos de control de los gastos partidistas y aligerar así los requerimientos financieros de los institutos políticos.

Por lo pronto, el IFE sólo puede llegar hasta donde la ley le permite y no hay norma, por ejemplo, para regular el financiamiento de la fase actual de la contienda electoral: las precampanas que, según Luis Carlos Ugalde, ya realizan abiertamente precandidatos de todos los partidos con miras a los comicios federales de 2006.

Es peligroso que estos huecos en la ley pudieran dar pie a nuevos excesos por parte de los partidos. No es posible perder el control del proceso electoral en ninguna de sus etapas, por muy tempranas que sean, pues esto genera, o podría generar, formas de financiamiento no muy transparentes que pudieran aprovecharse de las lagunas en la ley para servirse del nuevo y lucrativo negocio de apoyar candidatos.

Tampoco hay antecedentes ni formas de control establecidos del gasto en campanas electorales en el exterior ahora que el Congreso de la Unión ha aprobado el voto postal.

Nuestra democracia no merece desviarse de su propósito fundamental de ser la forma por excelencia de representación ciudadana, enmarcada en una lucha civilizada de proyectos de nación diversos.

Es válido pedir a los partidos políticos mesura frente a las campanas electorales, menos gasto, más ideas y más transparencia, así como mejores herramientas legislativas para frenar los excesos que se están cometiendo en este terreno de la política nacional.

Las elecciones de 2006 no deben ser una nueva feria de dinero, sino una fiesta cívica de la que salgan electos los mejores hombres para gobernar y legislar en el país; pero esto sólo se conseguirá si antes y durante los procesos electorales, los mecanismos de control de recursos, de control mediático y de transparencia se legislan de forma apropiada.(El Universal).