Inmersos como estamos en esta atmósfera de impunidad, hemos generado potentes anticuerpos de indiferencia.
Durante el mes de julio se saturaron los diarios y noticiarios con notas y opiniones sobre la corrupción que paraliza al sistema de educación pública en nuestro país. Hasta ahora, la densidad de datos no había sido tan alta, ni el señalamiento de responsables tan evidente. Lo que llama la atención es que las reacciones que esperaríamos que se generaran para poner alto a los abusos no aparecen.
¿Quiénes tendrían que reaccionar? Las autoridades, los maestros, los padres de familia, los ciudadanos como terceros afectados. Antes de esto no renunciaba a la hipótesis de que la apatía estaba enraizada en la falta de información. Ahora la descarto y me quedo con tres posibles teorías a la falta de reacciones. La primera tiene que ver con la promesa que representa el SNTE como detonador de diferencias clave en los resultados electorales. Mantener el estado de las cosas parece conveniente para cualquier gobierno que aspire a continuar en el poder los próximos años y que dependa de los votos que el SNTE le consiga.
El escándalo por las declaraciones de Yunes, Elba Esther, Calderón y Peña Nieto es muestra de cómo la dirigente sindical se mueve en una lógica político-electoral en vez de restringirse a la defensa de los derechos laborales de sus agremiados.
La segunda explicación es la presunta cooptación de conciencias del magisterio que se mantiene de prebendas negociadas por la cúpula sindical. En esta cooptación se asume incuestionablemente la incapacidad de los maestros para ejercer sus derechos políticos con libertad, sobre todo se les coloca en una subordinación en la que sus méritos y desempeño carecen de valor alguno, no depende de esto su desarrollo profesional, sino de cumplir con los caprichos políticos a los que su cúpula sindical los someta. El hecho de que la mayoría de las plazas que quedan vacantes se entreguen sin concurso y que las de nueva creación se sometan a un concurso de baja confiabilidad es prueba de cómo la cúpula sindical es indigna representante de los maestros.
Una tercera explicación es que percibimos la corrupción tan común como inevitable, así que la aislamos de los factores causales de la ineficiencia y nos resulta difícil entender que el poder que ejerce legal e ilegalmente la cúpula del SNTE tiene consecuencias directas sobre los resultados de la educación nacional. La SEP publica que gasta 400 millones de pesos para mantener a profesores comisionados, más de 30% dedicados a actividades del sindicato, pero no se compromete a evitarlo en adelante.
Las denuncias públicas crecen exponencialmente y no hay un solo acto de autoridad que limite los abusos. Podríamos empezar preguntando, ¿qué marco jurídico sostiene el poder del SNTE sobre los maestros? ¿Qué alimenta el temor de las autoridades para romper alianzas con la cúpula? ¿Quiénes están dispuestos a sustituir de una vez por todas el decreto de creación del SNTE y el acuerdo que desde 1946 le da la facultad de decidir discrecionalmente sobre el destino de los maestros? ¿Qué elementos de la Ley General de Educación promueven el trato desigual y la impunidad recalcitrante?
Empecemos por confiar en que los maestros no son manipulables políticamente: asumamos que ejercen su voto sin miedo a la coacción. Sigamos por dirigirnos a ellos de manera independiente del sindicato, apelando a su individualidad. Insistamos en que la garantía del voto libre y secreto puede darles una llave para abrir la prisión. Quitémosles el mote de manipulados, devolvámosles la dignidad que su cúpula sindical les ha arrebatado. Es hora de que los maestros demuestren que son libres y están comprometidos con el país.











