El secretario de Gobernación, Juan Camilo Mourino, ha emergido para terciar en la ampulosa discusión entre México y Estados Unidos a propósito de la lucha contra el tráfico de drogas y de la Iniciativa Mérida, concebida para articular una acción internacional conjunta.
El presidente Felipe Calderón, quien precisó que la causa del problema es el alto número de adictos en el país del Norte, fue atajado por el embajador Antonio Garza con el dato incontrovertible de que el problema afecta a las familias de ambos lados de la frontera.
Apenas hay razón para que ante un problema de múltiples aristas, policiacas, judiciales, políticas, sociales, económicas y culturales, se provoque ahora una fricción diplomática entre quienes deben convenir la acción, como si las recriminaciones mutuas no hubiesen quedado atrás, según Mourino.
El secretario de Gobernación, que preside el Consejo de Seguridad Nacional, condiciona el pleno respeto a la soberanía y las leyes internas de México, como debe ser, pues los estadounidenses demandan transparencia en el manejo de los recursos aportados -350 millones de dólares en equipo y cursos de capacitación, en principio-, así como respeto a los derechos humanos, cuya violación es innegable aquí y en cualquier parte del mundo, incluso Guantánamo e Irak.
El punto de conciliación está en establecer conjuntamente las formas de supervisión, no en imponerlas unilateralmente y menos con consecuencias trascendentes.
En una encuesta que ayer se publica, se revela que la gente cree que la guerra antinarco se puede ganar, que Estados Unidos no hace su parte, que el gobierno tiene un vasto apoyo, que el Ejército debe participar, aunque los malos estén ganando por ahora, y que despenalizar ciertas drogas puede ayudar. zOiremos? (El Universal).











