Ayer el gobierno mexicano y el de Estados Unidos confirmaron un par de convenios de colaboración que involucran la protección de migrantes y la lucha contra el narcotráfico. Por un lado, la Secretaría de Relaciones Exteriores anunció el programa denominado Oasis, que permitirá coordinar las acciones de ambos gobiernos para salvaguardar la integridad física de quienes cruzan ilegalmente la frontera desde México hacia Estados Unidos.
Por su parte, el titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Daniel Cabeza de Vaca, reveló que ya se ejecutaron las primeras fases del operativo Espejo, por el cual a través de trabajos de inteligencia conjuntos se disenarán acciones binacionales que se aplicarán de forma simultánea en ambos lados de la frontera para combatir al crimen.
Es sabido que el actual es un momento particularmente sensible de la relación México-Estados Unidos, en vista de que los desencuentros y las presiones se ubican a la orden del día. Por ello, cualquier muestra de entendimiento y colaboración entre ambas naciones tiene que ser recibida con beneplácito, porque los problemas comunes sólo podrán resolverse de manera bilateral.
Sin embargo, tras los programas Oasis y Espejo yacen dos asuntos para los cuales es inviable seguir aplicando formas de combate parciales, que ignoran la raíz del problema y cargan el peso de la responsabilidad en nuestro país, como si Estados Unidos únicamente fuera la víctima y no formara parte de la solución.
Nadie duda de la bondad en la ayuda a los migrantes para evitarles la muerte en su arriesgada búsqueda de formas de subsistencia que no encuentran en sus lugares de origen. El auxilio es bueno, pero lo sería más y de mayor trascendencia en el tiempo una Ley de Migración estadounidense que reconociera de una vez por todas la utilidad de la mano de obra extranjera en la bonanza económica de sus estados del sur. Legislación que, por cierto, fue una promesa del presidente George Bush a nuestro país desde que tomó posesión hace ya casi cinco anos, sin que hasta la fecha se perciba voluntad para reactivar tal iniciativa.
Por el contrario, de parte de la administración Bush ha habido tolerancia hacia los grupos xenofóbicos y racistas que han optado por hacerse justicia por propia mano y cazar a los migrantes que sean detectados por ellos en territorio de EU. Y por lo que se refiere a la operación Espejo, por supuesto que el combate al crimen organizado debe ser ordenado y de pleno entendimiento mutuo, pero no sólo en el plano discursivo y del río Bravo hacia el sur, puesto que las armas de las que se provee la delincuencia organizada mexicana tienen su origen en Estados Unidos y el enorme consumo que genera la insólita demanda de estupefacientes no ha sido atacado de raíz en aquel país.
México es en realidad víctima de la desmesura consumista de Estados Unidos, porque los muertos que genera la presencia del narcotráfico y que hace atractivo a las bandas internacionales de la droga instalarse en nuestro territorio es, precisamente, el gran mercado de farmacodependientes estadounidenses.
Autoridades de EU han fracasado rotundamente en limpiar a su sociedad de adicciones y de la corrupción que permite el tráfico de drogas y de armas. Sin embargo, sólo ofrecen a México inusitadas presiones, ultimátums y amenazas de índole diversa, si nosotros no le resolvemos el problema a su sociedad altamente consumista de estupefacientes.
Ninguno de los programas de colaboración binacional anunciados ayer tendrá resultados, si el gobierno de Estados Unidos no decide asumir su parte de responsabilidad en este gran problema que es, sobre todo, de ellos antes que de México. (El Universal)











