Córdova vs Coneval

El doctor José Ángel Córdova, secretario de Salud, niega que 43 millones de personas carezcan de acceso a servicios de sanitarios en el país, como lo afirmó el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Asegura también que tal número es antiguo y por lo tanto erróneo, pues según los datos actualizados de su dependencia, sólo 16 millones de mexicanos se encuentran desamparados.

Así, de un plumazo, desestimó a la instancia creada por el Estado mexicano, para medir, con total autonomía, los índices de desigualdad y pobreza.

Tiene algo de inadecuado que el gobierno trate con menosprecio al Coneval y le reste credibilidad, pero esta actitud no es lo más grave. Lo verdaderamente delicado es que en nuestro país cada quien acomode las cifras a su conveniencia y por lo tanto, planee y ejecute las políticas públicas de manera arbitraria.

La diferencia de números entre el señor secretario y el Coneval es de 25 millones de personas. No se trata de una cifra pequeña. Una cosa es desarrollar políticas para atender a la población mexicana con las cifras del Coneval, que con las de la Secretaría de Salud.

Probablemente Córdova haga radicar su diferencia en el número de afiliados al Seguro Popular. En efecto, Coneval parte de número estimados en 2008 con proyección a 2009, en tanto el número sobre el cual el secretario construye su propio argumento surge a partir de la afiliación a tal sistema universalizante de salud, que contabiliza a sus afiliados por cuatro, asumiendo que cada persona afiliada supone una familia promedio.

Sin embargo, como bien lo han señalado diversos especialistas, no es lo mismo ser un afiliado al Seguro Popular, que sujeto sensible de recibir un servicio eficaz, a tiempo y satisfactorio.

De ahí que sea prudente construir la política de salud, no sólo a partir del número de afiliados al Seguro Popular, sino también en función del acceso real que los mexicanos tienen al sistema sanitario.

Hacerlo en sentido inverso pudiera conducir a la equivocación o, peor aún, al festejo de cifras alegres que a la postre se revelen naturalmente falsas. Cualquier analista recomendaría mesura, así como menos política y más políticas, así, dicho en plural.

Si, como la autoridad gubernamental pretende, las instituciones de salud corren felizmente por los rieles de la victoria, pocos cambios y pocas reformas se harán al sistema de salud. En cambio, si la prudencia del científico se impone a la hora del análisis, posiblemente se logre reconstruir este sistema para que, a lo mejor no en el año 2012, pero sí poco tiempo después, se pueda ofrecer acceso universal a la salud en el país. (El Universal)