La postura del Gobierno de México de no permitir la importación de maíz amarillo de Estados Unidos “es correcta” porque es transgénico, afirmó el investigador Emanuel Gómez Martínez, profesor de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh), sede Chiapas.
Agregó que en el vecino país del norte el maíz amarillo “se utiliza sobre todo para el ganado y para la elaboración de subproductos industriales como aceite, biocombustibles o colorantes, mientras que en México se usa más que nada para la alimentación humana”.
En entrevista, mencionó que “también es importante distinguir que la mayoría del maíz que se importa de Estados Unidos es el amarillo, y en México se destina sobre todo para la elaboración de alimentos procesados como botanas, frituras, aceites de cocina, y para alimentos para el ganado”.
Opinó que “a la iniciativa del gobierno mexicano le faltaría considerar que podría continuarse con algunas compras de maíz amarillo, siempre y cuando se triture porque es un hecho que es transgénico; entonces, si se tritura ya no entraría para el consumo humano, sino específicamente para otras industrias como de alimentos procesados para animales. Esa sería una propuesta que podría salvar el problema”.
Gómez Martínez, quien lleva 14 años monitoreando los problemas de producción del maíz nativo, comentó que en Chiapas el grano nativo es mayoritario en producción, sobre todo en las zonas donde no hay cosechas muy altas, sino que es para autoconsumo, y que “la gente lo distingue sobre todo por los colores: blanco, amarillo, negro y rojo”.
Agregó: “En las regiones en las que predomina el maíz para el autoconsumo, como en los Altos, la Selva, la Sierra, la Frontera o zoque, la proporción de maíz nativo es de entre 80 y 90 por ciento; y en las zonas de agricultura comercial como la Frailesca, el Centro y el Soconusco, es al revés: un 80 por ciento de las variedades que se siembran son híbridos comerciales y es raro encontrar maíz nativo”.
Recordó que en México está prohibido sembrar maíz transgénico desde 2013, año en que se interpuso una demanda colectiva y se frenaron los permisos que en ese entonces otorgaban las Secretarías de Agricultura, de Medio Ambiente y de Recursos Naturales a las empresas que querían sembrar maíz transgénico en etapas piloto, experimental o comercial.












