El lento crecimiento económico del país durante los últimos cuatro anos ha traído como consecuencia una muy exigua creación de empleos, muy por debajo del millón de puestos de trabajo que se necesitarían para apenas satisfacer la demanda de la población que cada ano pretende incorporarse al campo laboral.
En las zonas rurales la opción ante la falta de trabajo es migrar a Estados Unidos y en las urbanas es sumarse a las filas de la economía informal, lo que ha ayudado a desahogar en mucho la presión social de desocupados o subocupados. Los pocos empleos que se han creado son muy mal remunerados y generalmente carecen de prestaciones.
La Encuesta Nacional de Empleo, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), muestra que el ambulantaje es la actividad de mayor crecimiento en el país en los últimos cuatro anos, pues en este periodo el número de vendedores informales creció 53% para ubicarse en un millón 875 mil. Es decir, que una de cada cinco personas que se incorporaron al mercado laboral en ese periodo es vendedor ambulante.
Las cifras son alarmantes, en tanto que la informalidad no puede ser la meta de un país que aspira a alcanzar niveles de desarrollo y crecimiento económico comparados con los países más saludables del orbe. La falta de dinamismo de nuestro aparato productivo incentiva así el ambulantaje, que a su vez está vinculado a una serie de actividades ilícitas, tales como la venta masiva de artículos pirata, el robo a empresas y transportes, el contrabando y la evasión fiscal.
De momento, la economía informal puede servir como válvula de escape de presiones sociales que de otra manera estallarían en forma de conflicto, pero no podemos conformarnos con eso.
La única forma de ahuyentar de la sociedad fenómenos como la migración y el ambulantaje será reactivando el aparato productivo, inyectando recursos a las empresas y haciendo que los puestos de trabajo se creen de manera congruente con una demanda al alza.
Debemos recobrar como país nuestra soberanía financiera y comercial para depender menos de los ciclos económicos de Estados Unidos, circunstancia que ciertamente no será fácil ni de un día para otro, pero en la ya que se puede ir trabajando, de tal suerte que para un mediano plazo nuestros mercados y socios se hayan diversificado. Cabe recordar que es muy probable que Estados Unidos entre próximamente en recesión, si es que no puede hacer frente al enorme déficit fiscal que le está generando la guerra en Irak y su lucha contra el terrorismo.
De ahí que no sea prudente apostar todo nuestro futuro a ser eternamente remolcados por el vecino del norte.
También habrá que revisar los términos en los que se encuentra redactada la iniciativa de la nueva Ley Federal del Trabajo, actualmente atorada en el Congreso de la Unión, ya que bien orientada pudiera contener la semilla de solución a buena parte de los problemas que hoy nos ocupan.
El gobierno federal ha de generar crecimiento y desarrollo apoyando proyectos de interés público, utilizando una buena parte del gasto gubernamental en obras que impacten de manera masiva en la creación de empleos. En ese sentido, es necesario advertir el fracaso de impulsar microcréditos para el autoempleo o el fomento a microchangarros.
La encuesta del INEGI es significativa, ya que evidencia que se han prendido los focos rojos en la materia. (El Universal).











