Tuxtla Gutiérrez se perfila como una de las ciudades con mayores presiones de crecimiento en el país, al ubicarse en el lugar 26 del Sistema Urbano Nacional en cuanto a requerimientos de vivienda y expansión territorial para el periodo 2026-2030.
De acuerdo con el Programa Nacional de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano (PNOTDU), la ciudad deberá absorber un incremento poblacional de 35 mil 65 nuevos habitantes, lo que implicará la construcción de al menos ocho mil 552 viviendas y la habilitación de 584 hectáreas de suelo urbanizable.
La magnitud del crecimiento proyectado equivale a cerca de 820 campos de fútbol profesional, superficie que deberá contar con servicios básicos como agua potable, drenaje, electricidad, vialidades y transporte público.
Un reto compartido
El informe, elaborado por la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) y el Consejo Nacional de Población (Conapo), ubicó a Tuxtla dentro de un grupo de ciudades del sur-sureste con dinámicas de crecimiento superiores a la media nacional.
En esta región, donde también destacan ciudades como Oaxaca de Juárez y Mérida, el crecimiento urbano ocurre en contextos de menor densidad y con limitaciones en infraestructura y planeación.
El PNOTDU advirtió que estas ciudades enfrentan un desafío particular: crecen más rápido, pero con instrumentos de ordenamiento urbano desactualizados, lo que incrementa el riesgo de expansión descontrolada.
Déficits estructurales
El crecimiento proyectado para Tuxtla Gutiérrez se da en un contexto de rezagos históricos. Según datos del Censo 2020.
En Chiapas solo el 72 por ciento de las viviendas cuenta con disponibilidad de agua dentro del hogar, apenas 40.6 por ciento tiene acceso pleno a agua potable y menos del 25 por ciento de los hogares dispone de internet.
A ello se suma la presencia de asentamientos humanos irregulares, un fenómeno que, de acuerdo con el programa, está subregistrado a nivel nacional, lo que dificulta dimensionar su impacto real.
Políticas de vivienda
El PNOTDU planteó que el crecimiento de ciudades como Tuxtla debe orientarse bajo criterios de densificación, sostenibilidad y equidad territorial, integrando políticas de vivienda, movilidad e infraestructura.
El futuro urbano de la capital chiapaneca dependerá, en gran medida, de su capacidad para anticiparse al crecimiento.
Con más de 35 mil nuevos habitantes en puerta, el desafío no será solo construir viviendas, sino hacerlo con infraestructura, servicios y visión de largo plazo.












