"El anhelado crecimiento económico de México sólo adquiere sentido si se refleja en el bienestar de la gente, en el mejoramiento sustantivo de sus condiciones de vida. Salud, nutrición, educación y empleo son los indicadores del progreso efectivo.
El subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional, Agustín Carstens, lo ve con sencillez. ""No hay magia en el crecimiento"", dice en una entrevista exclusiva con EL Universal, ""hay que escuchar mucho a los empresarios"" y detectar las causas que inhiben la inversión para eliminarlas.
Desde hace anos las cuentas de la macroeconomía le salen bien a México: hay finanzas equilibradas, reservas internacionales elevadas, intereses bajos y estabilidad monetaria. En contrapartida, más de la tercera parte de los ingresos fiscales son aportados por los volátiles precios petroleros; el cada vez más preocupante ascenso de las remesas que mandan los migrantes al país; y somos vulnerables a una desaceleración de la economía norteamericana.
Coincidentemente, el equipo de transición del presidente electo elaboró un documento en el que plantea crear fondos de contingencia con los excedentes petroleros para consolidar la estabilidad macroeconómica.
Insistimos en que el cuidado de la macroeconomía debe completarse con el fortalecimiento de la política de desarrollo social. Es decir, además de escuchar mucho a los empresarios, hay que atender, en igual medida, a las masas empobrecidas que ya se hicieron notar el 2 de julio votando por la oposición. Esta necesidad ha sido advertida y anotada públicamente por Calderón Hinojosa.
El desarrollo económico demanda condiciones puestas en práctica repetidamente por varias naciones que tienen validez como ejemplo para quienes queremos crecer. La economía tiene que ser modernizada con la incorporación de las innovaciones tecnológicas.
Hay que hacer de la transparencia un instrumento regular de lucha contra la corrupción, limitar el papeleo burocrático que frustra muchos buenos propósitos de inversión, dar seguridad jurídica, personal y patrimonial.
Las vías del crecimiento económico son conocidas y tienen que ser seguidas concertadamente por los responsables del gobierno y por los legisladores, al parecer conscientes y dispuestos a hacer su parte de la tarea afinando el instrumental legal y buscando conciliaciones políticas.
Pero no necesitamos esperar a que llegue el crecimiento económico para satisfacer las demandas sociales. Es cierto que muchos de los pobres de hace un decenio han dejado de serlo, y que otros emigraron para mejorar, pero aún tenemos zonas altamente depauperadas en el país, especialmente en el sur, la montana y los reductos indígenas.
Muchos carecen de casa, vestido, sustento, salud, educación y trabajo. Deben ser favorecidos con urgencia y puestos en condiciones de valerse por sus propios medios, como es factible en toda comunidad que aspire en serio a la equidad social.
Los buenos éxitos de las finanzas públicas deben resonar cada quincena en los bolsillos de los más rezagados. No es mucho pedir. Es la mínima obligación que nos debemos unos a otros. (El Universal)
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