La Organización de las Naciones Unidas advirtió que la violencia, los conflictos armados y las actividades terroristas financiadas por narcotraficantes han aumentado en el mundo, por lo que llamó a la comunidad internacional a fortalecer la coordinación global contra este ilícito. De acuerdo con Yury Fedotov, director de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, esta empresa criminal mundial -en cocaína 85 mil millones de dólares anuales y en opio y sus derivados 65 mil millones- mina seriamente el desarrollo y la seguridad de la naciones.
México y Centroamérica principalmente, aunque los países del cono sur como Perú, Argentina, Bolivia y Colombia no son ajenos a este problema, vienen sosteniendo una gran carga en el combate al crimen organizado y al narcotráfico en específico, sin que el primer beneficiado, Estados Unidos, termine de aportar siquiera la totalidad de recursos que ha ofrecido, mientras que aquí se ponen todo el dinero y los muertos.
En este sentido, durante la reciente Conferencia de Apoyo a la Estrategia de Seguridad de Centroamérica, realizada el pasado miércoles y jueves en Guatemala, la secretaria de Estado de Estados Unidos, al ser requerida en este sentido, llegó al extremo de señalar que los empresarios y las clases acomodadas de la región deben pagar su parte de los impuestos que les corresponde.
Es decir, pareciera que la lucha contra el crimen organizado en México y en Centroamérica tuviera como interesados únicamente a los gobiernos regionales porque ni los países que debieran auxiliar ni la sociedad contribuyen en mucho. Este viernes el presidente Felipe Calderón debió escuchar un sinfín de reclamos por esta guerra y casi se le obliga a pedir perdón. ¿Qué, acaso es culpa del presidente? Pareciera que afuera, en la indiferencia de Estados Unidos y adentro de México con la oposición civil, el crimen organizado y el narcotráfico tuvieran a sus mejores aliados.
El hampa se ha adueñado de pueblos, ciudades y carreteras del país, y frente a esto, voces muy estridentes quieren doblegar al presidente para que modifique la estrategia. Pero qué plan proponen entonces quienes se oponen a la guerra con el argumento de que los 40 mil muertos son culpa del Gobierno Federal.
Javier Sicilia ha llegado al grado de hacer llamados al crimen organizado para que retome sus códigos. Pero es que ya no hay códigos.
Con todo el respeto y toda la consideración que merece esta gente que ha sufrido y que protesta, la ingenuidad que muestran ante este problema es del tamaño del ruido que logran hacer. No es con marchas y exhortos; la lucha es con dinero y fuego.











