La crisis que prevalece en México la vive más profundamente la clase trabajadora, que siempre está pagando las consecuencias de lo que el capital hace en beneficio de unos cuantos. Pero es en las mujeres en quienes recae al doble, manifestó la investigadora María Teresa Martínez Guerrero, profesora en Educación Media Superior y Consultora Educativa para la Unesco México.
Dijo que las contradicciones de clase y de género se han agudizado durante la pandemia, un acontecimiento histórico que nos ha venido a trastocar la vida en lo más profundo, y que más que una crisis sanitaria, pone frente a nuestros ojos una crisis civilizatoria.
Apuntó que en el 2020 hubo 1.2 millones de empleos formales perdidos, aumentando la informalidad en 5.7 millones de trabajadores informales, mismos que acrecentaron la crisis económica de los empleos formales, ya de por sí en situación de precariedad, de los cuales el 58 por ciento son mujeres.
De esta forma, la condición de las mujeres se agrava por el incremento de la informalidad, pobreza y desigualdad, resultando a su vez en un crecimiento de la violencia de género, por estar mayor tiempo en casa debido a la emergencia sanitaria, conviviendo más con sus violentadores.
Mencionó que en 2020, en enero se registraron 15 mil 851 carpetas de investigación por llamadas de auxilio al 911 sólo por violencia familiar, mientras que para septiembre la cifra incrementó a 20 mil 87, a nivel nacional.
Para el primer trimestre, la cifra de carpetas de investigación únicamente por violencia contra la mujer y violencia de pareja en el 2020, fue de 300 mil 13, mientras que para el tercer trimestre, ésta alcanzó las 314 mil 759.
Esto habla de que las mujeres no solamente están enfrentando la triple jornada, por el trabajo, el cuidado de los hijos y del hogar, además de ayudar a sus hijos con la educación a distancia, sino que también deben enfrentar una ola de violencia en sus propios hogares.
Señaló que según la Red Nacional de Refugios Asociación Civil y el Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM, tres de cada 10 llamadas se realizaron por parte de amigas, vecinas o en redes sociales, porque las propias víctimas no podían hacerlas desde su casa, dado que su agresor estaba presente.
De marzo a junio de 2020 incrementó en un 71 por ciento el número de mujeres atendidas a través de refugios, atención externa, vía telefónica y por redes sociales. En total, en ese periodo se atendieron a 21 mil 74. La investigadora concluyó es que “el papel de las mujeres en la lucha de clases es fundamental, pero nadie lo hará por nosotras”.












