Tapachula tiene en la actualidad una de las peores crisis humanitarias de la historia, ya que cientos de miles de migrantes siguen llegando a la ciudad en oleadas.
Los comerciantes del centro sufren las consecuencias del hacinamiento: el olor a excremento y orina, pues los extranjeros invaden las banquetas abarcando el arroyo vehicular y hacen sus necesidades fisiológicas en la vía pública.
El INM no ha actuado en consecuencia, por lo cual no los detiene ni les brinda ayuda humanitaria.
Luego de los bloqueos en territorio guatemalteco, la llegada masiva se detuvo un poco durante algunos días, sin embargo han superado esos “obstáculos” y en los últimos días la carretera de Suchiate a Tapachula registra un alto incremento en la llegada de personas, principalmente haitianos.
También han arribado cubanos, chinos y venezolanos, entre otros; muchos lo hacen a bordo de unidades de transporte público, y al estar en los puntos de revisión migratoria se bajan de las unidades, pasando frente a los agentes sin que estos realicen alguna acción.
Los elementos del INM se limitan a revisar los vehículos de transporte público, particulares y otros, pero no a quienes pasan caminando.
Tras llegar a Tapachula se concentran en el centro ocupando las banquetas, parques y jardines, así como terminales y cualquier lugar donde puedan protegerse de la inclemencia del tiempo.
Recientes declaraciones de activistas de derechos humanos, como el presidente de la organización Pueblo Sin Fronteras, Irineo Mujica Arzate, señalaron que en Tapachula había más de 100 mil migrantes.
Por ello, demandan atención de parte de las autoridades para transitar a su destino: la frontera México-Estados Unidos.
Los comerciantes señalaron que los miles de migrantes al no tener la atención necesaria por la autoridad correspondiente, causan problemas al hacer sus necesidades fisiológicas en plena calle, provocando no solo focos de infección, sino saturación en los espacios públicos.












