Crónica de daños en el ejido Lázaro Cárdenas

Crónica de daños en el ejido Lázaro Cárdenas

Sobre los escombros de su casa que se derrumbó con el terremoto del 7 de septiembre, Alfonso Rodríguez Clemente, de 82 años de edad, repite lo que las demás personas del barrio San Isidro del ejido Lázaro Cárdenas, destruido en un 80 por ciento: “es un milagro que no haya habido muertos ni heridos graves”.

“Estas ruinas que están aquí eran mi casa que construí hace 50 años y ahora son sólo escombros que quedarán tirados en algún lado junto con nuestras tristezas y alegrías de medio siglo, como las de los demás pobladores que perdieron su vivienda”, dijo.

Junto a su esposa Luz García López, de 77 años, que llora al ver las ruinas, remarca: “la gente está triste en este ejido”. Ella lo secunda: “nunca se había vivido nada igual aquí; fue algo muy espantoso. Está muy asustada la gente”.

Con la mirada fija en otras casas vecinas que elementos de la Secretaría de Marina terminan de demoler, reitera: “Es muy triste perder lo que nos costó tanto hacer que y de un momento a otro se acabó, pero ni modo, hay que conformarse”.

Apoyado en un bastón para caminar, Alfonso subraya: “mi corazón está triste porque me doy cuenta de que ya no voy a poder parar una casa grande como ésta, pues la hice cuando estaba yo joven y trabajaba, ahora ya no puedo; estoy enfermo”.

Luz agrega: “Se fue el esfuerzo de toda una vida. Ya ofreció el gobierno que va a parar las casitas pero saber hasta cuándo y de qué tamaño. No es una sino que son muchas la que debe de construir”

Él contó que el 7 de septiembre a las 23.49, estaban por dormir cuando sintieron que la casa se sacudía. “Con mi nieto Luis Bernardo salimos como pudimos, nos abrazamos los tres y de repente vimos que se empezó a caer la casa y nosotros parados aquí esperando lo peor”.

Días después del sismo, sus hijos les construyeron una pequeña choza en el patio para que duerman y guarden algunas pertenencias que rescataron. A pocos pasos están las ruinas de su vivienda.

“Quién sabe cuándo vayan a recoger los escombros, y sobre todo, cuán empiecen la reconstrucción”, dice él.

En el ejido Lázaro Cárdenas, del municipio de Cintalapa, el sismo dejó 421 casas destruidas o dañadas, de las cuales 222 tendrán que ser demolidas, informó el presidente del Comisariado Ejidal, Rigoberto Ramírez Cruz.

Bonifacio Cruz Chamé, de 87 años, quien perdió su vivienda, repite la frase que se escucha en el poblado: “Es un milagro que no haya habido muertos ni heridos graves”, y agrega que su yerno Ramón Náfate Torres y su hija Rosalba resultaron con lesiones menores.

Con la mirada perdida, señala: “me siento muy desanimado porque además de la gran destrucción estoy enfermo y de un momento a otro me voy. Se me juntó todo. Lo que más me conmueve es la destrucción porque esto es el comienzo y tal vez  vendrán cosas peores”, afirma. 

“No, todavía no hay normalidad. Esto quedará en la memoria de la gente y tal vez se normalizará cuando se hayan reconstruido las casas”, incluyendo el templo católico que se derrumbó.

Desde su creencia católica,  Cruz  Chamé el terremoto ocurrió porque, como lo dice la Biblia, “ya nos vamos arrimando la final; estos son avisos muy fuertes porque la gente se está portando completamente mal. Hay mucha maldad”.

En medio de su tristeza, se da tiempo para recordar el origen del ejido Lázaro Cárdenas: “El general nos visitó. Yo estaba chavito pero me acuerdo. Era muy cariñoso el general y se preocupaba, sino no hubiera venido, entró a la escuela. Aquí estuvo, pero como los comisariados son muy decaídos no se les quedan los mensajes que dan”.

A 12 días del terremoto, en el barrio San Isidro de este ejido, destruido en un 80 por ciento, se respira temor y tristeza, además del polvo de sus calles de tierra.