Ciudades Rurales de Chiapas, un proyecto que contempla la construcción de ocho complejos, es controversial desde el término escogido para nombrarlo. O es rural o es urbano. De acuerdo con el INEGI, una población se considera rural cuando tiene menos de 2 mil 500 habitantes, mientras que la urbana es aquella en que viven más de 2 mil 500 personas, pero en este caso, el mega proyecto pretendía concentrar más de 300 comunidades de seis municipios con una población de casi 30 mil habitantes en el número ya citado de urbes.
Pero demás, el proyecto -hoy está a cargo del Instituto de Población y Ciudades Rurales integrado aparte de un presidente, por cinco altos funcionarios, más siete unidades de apoyo y 19 direcciones- ahora pretende además la edificación para los próximos tres años de dos Ciudades Rurales Sustentables en Ixhuatán y Ángel Albino Corzo y 79 Villas Rurales Sustentables en 29 municipios, traslapándose en la administración entrante. La actual administración que creó e impulsó este plan, ha concluido y entregado dos Ciudades Rurales, Nuevo Juan de Grijalva y Santiago el Pinar, las cuales han sido objeto de escrutinio por parte de diversos actores y organismos, públicos y privados, los cuales tienen diversos y confrontados diagnósticos a partir del cumplimiento o incumplimiento de los objetivos originales: combatir dispersión y pobreza, principalmente, además, acercar servicios.
Sin embargo, es un hecho que además de los encontrados diagnósticos sobre el proyecto Ciudades Rurales, hay allí un incontrovertible desplazamiento. Esta situación, lo que está indicando es la urgencia si no de suspenderlo, por lo menos aplazarlo para poder analizar sus debilidades y corregir sus defectos, y por lo mismo, el actual gobierno estatal no puede comprometer bajo ninguna circunstancia a la próxima administración en ese sentido.
El plan Ciudades Rurales, con la experiencia de Juan de Grijalva, inaugurada el 18 de septiembre de 2009, debe tener la humildad hoy para hacer un alto en el camino y replantear si es conveniente mantener aún como proyecto en el país la edificación de 25 centros más, según se dijo, por parte del Gobierno Federal y otros estados. No se pretende denostar ni encomiar el proyecto en general, lo que se busca es hacer énfasis en la necesidad de evaluarlo urgentemente a la luz de la realidad actual, a tres años de ser puesto en marcha.
No se trata de tampoco de regatear lo que deba reconocerse a ese proyecto citado en principio por Esteban Moctezuma Barragán, sino subrayadamente de evaluar para determinar si es pertinente seguir gastando en eso. Pero también se debe reiterar que no puede este gobierno estatal pretender que el Congreso legisle para atar a la próxima administración a un proyecto que en Juan de Grijalva y en Santiago Pinar sus mismos pobladores están abandonando.
La idea, el plan, son por sí mismos son encomiables, pero hay que hacer un alto para analizar qué fue lo que falló, y mientras tanto, se averigüe de dónde saldría el dinero en caso de que dicho plan deba continuar.











