Cruzada anticorrupción

"La corrupción como forma de vida y hábito de comportamiento social generalizado, incluso como un mal necesario que parece inevitable para hacer negocios en México, debe ser erradicada, porque además de que empobrece las relaciones sociales entre los mexicanos, está afectando económicamente a las empresas y aleja inversiones que son vitales para nuestro desarrollo.

La empresa de consultoría CEI Consulting & Research presentó ayer su ""Diagnóstico sobre el impacto del fraude y la corrupción en las pequenas y medianas empresas"", con datos muy inquietantes.

El estudio encuentra que, por ejemplo, las pérdidas anuales de las empresas mexicanas por sobornos ascienden a 43 mil millones de dólares, lo que representa un costo para el país equivalente a 12% del Producto Interno Bruto (PIB).

De 1,376 empresas encuestadas, resulta que 43% realizan de manera regular pagos extraoficiales a servidores públicos de los tres niveles de gobierno. Se calcula que 10% de los ingresos anuales totales de estas firmas se dedica al pago irregular de trámites y servicios, lo que incrementa sus costos de operación y, por lo tanto, sus precios finales.

Peor aún, 40 empresas transnacionales coincidieron en que 35% de la inversión extranjera que decidió no entrar al país en los últimos cinco anos, lo hizo por una percepción de alta corrupción y opacidad para generar negocios.

Esta terrible realidad es compartida por otras instituciones, como Transparencia Internacional, que durante los últimos anos ha calificado a México como un país de mediana categoría en materia de corrupción entre las naciones del mundo, sin registrar mejoría significativa ano con ano. La desconfianza que genera el país al respecto es invariable y, por los datos duros que revela CEI, va más allá de la simple percepción, para ahora ya ser cuantificada de manera aproximada.

Acabar con la corrupción habrá de ser una cruzada que deberá centrarse, de manera fundamental, en los niveles de ética de los funcionarios públicos, por supuesto, pero incluye también una transformación de referentes culturales que reviertan prácticas como el soborno y el fraude, que los mexicanos vemos como naturales desde la infancia.

Tan culpable es el funcionario que lucra con su puesto, como aquellos que se dejan chantajear o incluso se adelantan al cohecho. Mientras los caminos ilegales sirvan para alcanzar fines y sean concebidos, de manera simplista, como un ""fatal e inevitable modo de ser"" de los mexicanos, entonces no tendremos forma de defendernos de los costos colaterales de la corrupción, que, por lo visto, están generando pérdidas importantes para el país.

En materia económica, el panorama es aterrador: el fuerte golpe de la corrupción a los costos de operación de pequenas y medianas empresas que componen 80% del plantel industrial se une a la falta de competitividad de las mismas, al estancamiento económico general del país y a los costos adicionales generados por la inseguridad y delincuencia. Es inadmisible permitir que esta pendiente se incline mucho más.

A nadie conviene un clima de deterioro moral y económico en México. Ni tampoco puede ser destino inevitable de la nación el cinismo. Garantizar la grandeza del país pasa por transparentar su vida pública, sus trámites burocráticos y su accionar económico y financiero.

En el mediano y largo plazos la corrupción se ha de corregir desde el seno familiar y ha de ser mística, a su vez, de las empresas. En el corto plazo, urge denunciar y perseguir prácticas irregulares de quienes se han beneficiado históricamente de la ilegalidad y usufructúan en su favor los puestos públicos. (El Universal)

"