"La muerte del secretario general de la Confederación de Trabajadores de México, CTM, Leonardo Rodríguez Alcaine, de 86 anos, replantea el reiterado tema de una impostergable modernización de los sindicatos mexicanos, que anteponga sobre cualquier interés particular y de grupo la defensa de los trabajadores.
De muchos modos, y durante más de medio siglo, la CTM fue modelo y guía de las organizaciones oficiales, así consideradas por su franca adhesión a los principios de la Revolución Mexicana en la que la clase trabajadora participó simbólicamente a través de la Casa del Obrero Mundial, y por su determinante apoyo a las políticas presidenciales.
Nacida en los anos 30, durante el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas, la CTM se pronunció ""por una sociedad sin clases"", a tono con los aires socialistas de la época.
Con la fuerza del número de sus agremiados, que en sus momentos de esplendor sumaron 6 millones, la CTM alimentaba las urnas electorales de las cuales no solamente salían presidentes, sino también gobernadores, senadores y diputados. Como sector obrero del PRI tenía derecho formal a una porción del pastel del poder público.
En más de medio siglo, predominaron tres líderes cetemistas: Vicente Lombardo Toledano; Fidel Velázquez, muerto a los 97 anos, y sustituido por Rodríguez Alcaine, entonces de 78.
Aliada incondicional del gobierno, la CTM lo apoyó en momentos polémicos, como en el Movimiento Estudiantil del 68 y en el Jueves de Corpus; en las devaluaciones y en otros actos considerados por ciertos analistas como contrarios a las conquistas de la Revolución.
Al mismo tiempo desarrolló, a imagen y semejanza de su protector oficial, cacicazgos estatales y prácticas electorales simuladas, reparto discrecional del poder político concedido y grupos de choque que también sirvieron al sistema en momentos críticos.
El balance final de la CTM queda para los especialistas, pero ciertamente los agremiados de esta central acusaron en diversas circunstancias un manejo de fondos sindicales sin rendición de cuentas.
Muchos líderes obreros saltaron a la fama por su riqueza o por las denuncias de latrocinio de fondos y bienes de los trabajadores.
Dentro de los aspectos positivos, se le reconoce a Rodríguez Alcaine un papel importante porque supo mantener la estabilidad laboral en el país durante la alternancia de gobierno en el ano 2000.
Los críticos de ese liderazgo senalan que si bien la CTM tenía un discurso obrerista, demandante de salarios dignos, prestaciones justas y trato humanitario al trabajador, generalmente se allanaba a lo dispuesto por las autoridades y los representantes patronales.
Los cambios que han ocurrido en México y en el mundo demandan ahora una modernización de los sindicatos, de las centrales y de la organización misma de los trabajadores de México.
Una central obrera con las características del viejo régimen no es viable ni útil a la clase trabajadora. El corporativismo, que dejaba sentir todo su poder a la hora de los comicios; la falta de transparencia en los manejos de los fondos sindicales y el verticalismo en la elección de los liderazgos tienen que ser ahora páginas de la historia. El reclamo de los nuevos tiempos es que cada obrero pueda votar como individualmente decida, no como lo indique su sindicato.
El balance, pues, es de luces y sombras, pero ciertamente debe senalarse que la democracia interna depende exclusivamente de los agremiados. Y los dineros de los trabajadores han de ser bien administrados en favor de las propias organizaciones sindicales. Esta coyuntura parece propicia para comenzar a atender seriamente esas demandas. (El Universal)
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