Cuando el cambio climático nos alcanzó

"Gustavo Ampugnani * El Universal. La intensidad y los daños ocasionados por 'Alex', la epidemia de dengue y las lluvias atípicas que se prevén para el centro del país, parecen indicar que el cambio climático ya nos alcanzó. Las dudas sobre si el cambio climático era una realidad o una posibilidad lejana, fueron despejadas hace tiempo. No obstante, la clase política mundial aún no parece tomarse el asunto con la urgencia que el tema requiere. Imposible saber cuántos huracanes aún más devastadores, sequías más severas, lluvias aún más extremas o miles de personas afectadas faltan, para que la respuesta de las autoridades sea acorde con esta realidad.

Frente al cambio climático, no hay que esperar a que el río suene para saber que lleva agua. Al menos no en México. Desde hace años que los diversos estudios que elaboró el Instituto Nacional de Ecología nos alertan de cuáles son los impactos derivados del cambio climático en México. Por ello resulta indignante ver las consecuencias que 'Alex' dejó a su paso. Si bien no se puede prevenir un huracán, sí se puede mitigar su impacto. Para ello se tienen que tomar en serio los diagnósticos y la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra el país ante estos fenómenos.

Los desastres, más que naturales, son políticos. Esto es, pudieron ser atajados. Sólo que la negligencia y corrupción de las autoridades de los tres niveles de gobierno -las de antes y las de ahora- e, incluso, la ignorancia ante la virulencia de los fenómenos, hace que nuestras ciudades, zonas costeras y áreas rurales, estén en una situación de susceptibilidad para enfrentar, de la peor manera posible, los impactos del cambio climático. Y a esto hay que sumarle el impacto en los sectores reconocidos como más vulnerables: adultos mayores, niños, mujeres embarazadas, comunidades más pobres. Lamentablemente, hoy por hoy, México es un territorio propicio para que huracanes, lluvias y crecidas de los ríos, arrasen con lo que encuentran a su paso.

Reconocer la vulnerabilidad del país es una parte del asunto, la primera para luego pasar a resolver el problema. La situación en que se encuentran los estados de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, hoy (como lo estuvieron Chiapas y Tabasco ayer) marcan un hasta aquí. Ya no debe haber excusas para seguir evadiendo el tema de la adaptación al cambio climático. Garantizar la viabilidad y el bienestar de la sociedad y los ecosistemas a la gran variabilidad climática que padecemos, requiere encarar de frente el desafío de la adaptación. Esto es, realizar los ajustes necesarios para que los sistemas humanos y naturales disminuyan su vulnerabilidad, se minimicen los daños, y se aprovechen los posibles beneficios de las nuevas condiciones climáticas.

El mismo gobierno reconoce que iniciar un proceso de adaptación es ""una buena inversión"", ya que permitiría reducir hasta en 60 por ciento los costos futuros ocasionados por los impactos del cambio climático. Entonces, ¿qué esperamos?

Enfrentar al cambio climático de la mejor manera posible significa adelantarse a él. Esto es, apostarle e invertir en la prevención y adaptación. Los 3 mil millones de pesos del Fondo Nacional de Desastres Naturales valen más si se los utiliza para ajustar los sistemas de drenaje a volúmenes mayores de agua y que cae en poco tiempo; gestionar las presas para evitar grandes desfogues de último minuto; relocalizar colonias asentadas en barrancas o cauces de ríos; aumentar la capacidad de respuesta en el sector salud para hacer frente a epidemias de dengue o paludismo, etcétera...

Lo anterior requiere un marco distinto de aproximación al problema: pasar de las medidas de mera reacción a la prevención y planeación a largo plazo. Implica, por ejemplo, replantear la función del Fonden y pensar en un fondo de adaptación, no de contingencia paliativa. Un fondo que evite que los fenómenos hidrometereológicos se traduzcan en desastres políticos y sociales. Frente al cambio climático, no hay dinero que alcance mientras nos limitemos a reaccionar. Invertir en preverlo, mitigarlo y adaptarnos es la única forma inteligente y viable para enfrentarlo.

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