En Chiapa de Corzo, Claudia Elizabeth Cuesta Suárez ha demostrado que la maternidad puede ser el motor de grandes proyectos.
Hace más de 20 años, su amor por sus hijos la llevó a crear Parachikillos, un negocio que transforma cumpleaños en recuerdos inolvidables. “Mi negocio inicia por mis hijos. Me gustaba hacerles fiestas desde que nació mi primer hijo. Decorábamos y yo veía en eso una posibilidad”, recuerda.
La inspiración surgió con el primer cumpleaños de su hija. Tras un curso de decoración, Claudia descubrió que podía convertir su pasión en profesión. “Alguien vino a la fiesta y me preguntó: “¿Quién hace la decoración?” Y le dije: “Nosotras”. Me insistió: “No, decórame la fiesta”. Y de ahí arranca Parachikillos”, cuenta.
El negocio creció con apoyo familiar: su mamá, su hermana y su padre se convirtieron en pilares del proyecto. “Siempre he tenido el gran ejemplo de mi mamá. Somos una empresa familiar y eso nos ha dado fuerza”, dice Claudia.
De los globos, pasaron a mesas de dulces, cajas decoradas y cake toppers, siempre con el mismo amor y detalle que le dedicaría a sus propios hijos.
Vicisitudes
Ser madre y empresaria implicó retos diarios: madrugones, transporte de sus hijos a clases y decoración de eventos simultáneamente. “Era un reto, pero todo valía la pena. Mis hijos eran mi motivación”, confiesa.
Hoy, con sus hijos ya grandes, Claudia mira atrás con orgullo y adelante con pasión. “Cada decoración es especial para mis clientes, y cada esfuerzo valió la pena. Mis hijos son el amor de mi vida, y todo lo que hago va por ellos”, afirma. Durante estas fechas recuerda que cada sacrificio, cada lágrima y cada sonrisa son la verdadera decoración de la vida de una mamá.












