Francisco Barbosa, alumno de Armando Arévalo Macías, José Luis Martínez, Francisco Cordero y Guillermo Henríquez, es un personaje neurálgico de la Comunicación en Chiapas.
Desde Cuarto Poder participó en la construcción de una nueva narrativa que a finales de siglo pasado representó una disrupción al canon periodístico: la prensa no se dobla ante el poder económico, ni gubernamental.
En el marco del aniversario 50 de Cuarto Poder, don Paco, o don Paquito como es conocido entre las generaciones que forjó dentro del ejercicio periodístico, narró algunas experiencias que se suscitaron en esta casa de información.
Desde su dirección permitió una visión del periodismo crítico y objetivo que dio cobertura a diversos momentos de la historia contemporánea, destacando el movimiento armado del EZLN y la crisis de gobierno en Chiapas con el mandato de Pablo Salazar, así como el fenómeno climático denominado Stan, conflictos estudiantiles y sociales, entre otros.
El destacado cronista de Cuarto Poder ingresó a mediados de 1994, por invitación de don Conrado de la Cruz Jiménez, a colaborar en Cuarto Poder realizando trabajo interno, pasando por diversos ejercicios de redacción e investigación hasta tener a su cargo la Dirección Editorial.
¿Cómo llegó a Cuarto Poder?
A invitación de don Conrado, encontrándome con un medio emergente, con convenios con agencias internacionales de información y sobre todo, mucha visión.
¿Cómo era el entorno de ese entonces?
Existía una coyuntura social y política por el levantamiento armado de 1994. Eran tiempos violentos y de crisis.
Evidentemente, el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) influyó en el periodismo de Chiapas y México. Era un movimiento también intelectual con información diversa y contradictoria que demandaba análisis y profundidad.
Gente cercana al alzamiento entró en conflicto por apoyar, mantenerse al margen o contraponerse al movimiento. Este evento social fue cubierto por Cuarto Poder, dado su conocimiento regional, mientras otros medios nacionales daban una mirada escueta al conflicto.
Cuarto Poder entendió perfectamente el conflicto armado, cercano y no lejano, como se cubría a través de los corresponsales. Atendió a los liderazgos indígenas, insurgentes, religiosos y sociales, desde 1994 hasta 1998, período álgido que de a poco perdió interés colectivo y otros temas ocuparon prioridad como por ejemplo el flujo de información de un Chiapas fronterizo, pobre e insurrecto.
El fenómeno Pablo Salazar
El tema de Pablo Salazar es atípico. Desde el periodo de campaña rumbo a la gubernatura, con un enfoque profesional Cuarto Poder publicó información crítica del entonces candidato.
Sin embargo, al llegar a ser gobernador evidenció mucho rencor guardado que desató contra la familia de Cuarto Poder, intentando avasallar a don Conrado y a su esposa, la maestra María Morales, quienes se vieron obligados a dejar el país. En ese acto fue apresado Conrado hijo, uno de los hijos de los dueños del rotativo.
Ese personaje nunca perdonó los trabajos críticos de investigación de Cuarto Poder, entre ellos la evidencia de un falso título universitario.
Desde ese entonces, Cuarto Poder fue dirigido a distancia por los dueños, pero también con mucha responsabilidad por los directores de las áreas administrativas y editoriales.
¿Cómo resolvió Cuarto Poder el ataque gubernamental de Pablo Salazar?
¡Con arrojo; la prensa no se doblegó ante el poder!
Se trató de una etapa compleja, pero al mismo tiempo evidencia de la fortaleza de Cuarto Poder, el valor de sus propietarios y el profesionalismo del equipo de trabajo, pero sobre todo, dejó en la sobremesa un ejemplo para las nuevas generaciones, una nueva narrativa: la prensa no se doblega ante el poder.
Es cierto que existieron ataques directos, violentos, amenazas, retos a los que se hizo frente con arrojo.
En ese momento se ejercía un “periodismo de antes”: una escuela de Cuarto Poder era que llevaba la nota y la contranota, es decir la versión que señalaba algún presunto acto y una segunda nota que respondía a esa primera aseveración, dando total veracidad a la información.
Durante años, decenas de reporteros ejercieron esta visión de periodismo que, junto al acompañamiento de otros editores y jefes de redacción, permitió tener un trabajo serio, profundo, crítico y responsable.
Esta forma de hacer periodismo no pasó desapercibida por la prensa nacional e internacional que reconoció a Cuarto Poder, pero sobre todo, quienes lo aplaudieron fueron los ciudadanos, la gente que compraba a diario miles de ejemplares para tener la verdad en sus manos.
Posteriormente, en una segunda etapa, con la muerte trágica de don Conrado de la Cruz, la maestra María Morales tomó el control del periódico, y con ella también una forma dinámica de hacer periodismo.
Se fortalecieron las agencias, diversificando la información internacional, sociales, política local y municipios. Se sumó la participación de sus dos hijos, Conrado y Ana María.
En este camino ocurrieron también cambios en la estructura, por ejemplo, la maquinaria fue cambiando teniendo rotativa y color. Así se conquistó el mercado local, teniendo gran respuesta de la población que consumía el papel periódico que circulaba en prácticamente todo Chiapas.
Tiempo después ocurrió la muerte de Conrado hijo y la dimisión de la dirección de Cuarto Poder de la maestra hacia su hija Ana María de la Cruz, quien ha sabido resguardar la esencia del periódico en una nueva realidad, la de las redes sociales y los medios electrónicos, una novedosa competencia para la que Cuarto Poder demostró estar listo.
¿Cómo está ahora Cuarto Poder?
Cincuenta años después Cuarto Poder tiene un nuevo auge, convirtiéndose de nueva cuenta en referente en el sureste, con presencia en redes sociales y sus versiones electrónicas, con un manejo cercano, ágil y novedoso de la información.
En un contexto de redes sociales y vértigos de información, una nueva generación de periodistas y comunicadores mantiene la vigencia de Cuarto Poder y atisba una nueva aventura por tiempos que aún no tienen tecla final, pero sí el compromiso para mantener en pie una prensa que demostró no se doblega ante el poder.












