Cubanos buscan el sueño americano

“Si tuviera que hacer el viaje otra vez no lo haría porque es muy peligroso. En muchos lugares nos tratan como perros, cuando la mayoría somos profesionales”, afirmó Alejandra Morales, una de los cerca de tres mil migrantes cubanos que han llegado en las dos últimas semanas a Tapachula en busca del llamado sueño americano.

En entrevista, dijo que miles de cubanos están vendiendo sus casas y demás pertenencias para tratar de llegar a Estados Unidos, porque existen rumores de que una vez restablecidas las relaciones diplomáticas entre la Habana y Washington se cerrarán las fronteras.

Contó que para llegar a México deben de pasar por Ecuador, Colombia y los seis países de Centroamérica durante un mes por aire, tierra y mar, sufriendo todo tipo de vejaciones.

“Cuando llegamos a Tapachula llegamos sin nada”, aseveró. “A veces pienso que es una locura hacer esta travesía”, reiteró la mujer, de 37 años de edad, quien trabajaba en su país como secretaria de imagenología. “Tenía trabajo, pero los salarios son muy bajos y no puedo darles ni siquiera los alimentos a mis hijos” mencionó.

La cubana, que pidió ser identificada como Alejandra Morales, es una de los cientos de isleños que en las dos semanas recientes se han albergado en el refugio que atiende el sacerdote César Augusto Cañaveral  Pérez, coordinador de pastoral de Movilidad Humana de la Diócesis de Tapachula; los que tienen dinero lo hacen en hoteles.

Desde el albergue, contó vía telefónica que junto con su esposo salió en avión de Cuba con mil 500 dólares en la bolsa, el 18 de septiembre de este año, hacia Ecuador.

“Salimos de Cuba vendiendo la casa y todo en busca del sueño americano, para sacar a nuestra familia adelante. Pasamos mucho trabajo porque nos roban en el camino, a muchos nos asaltan y nos quitan todo, inclusive la misma policía y la migra. Nos quedamos perplejos”, dijo.

“De Ecuador salimos a Colombia pero fue un desastre. Fue terrible. Es el país en el que más nos extorsionan, e inclusive, los conductores de los autobuses les hacen señas a la policía, como si fueran coyotes también, para que nos extorsionen”, narró.

Expresó que de ese país, los cubanos toman una lancha rápida, que a mar abierto transporta a 22 o 25 personas incluyendo niños, hasta un puerto en Panamá, de donde toman otra lancha hasta la frontera de ese país y luego pagan una avioneta hasta la capital.

Comentó que de Panamá a Tapachula viajan por tierra, “pero en todos los países nos extorsionan, salvo en Honduras y México que no tenemos quejas; cada vez que nos paraba la policía nos pedía dinero, y cuando llegamos aquí, llegamos sin nada. Nos piden aretes, relojes, todo; yo ando con la ropa puesta y al llegar a Tapachula el 18 de octubre, llevaba dos días sin comer”.

En Nicaragua, afirmó, “la policía me robó todas las cosas y cuando me dirigí a un jefe me dijo que tenía cinco días hábiles para hacer la denuncia, pero que no iba a proceder. Me dijeron que me fuera a un albergue en el que me podía bañar, con televisión, y cuando fuimos vimos que era una prisión donde lo maltratan a uno y le dan una comida de perro. Hay gente de todos los lugares. Nos tratan como si uno fuera un perro y la mayoría de los cubanos que emigramos somos profesionistas, no somos perros. No sé por qué nos odian y repudian”. 

Indicó que ella y su esposo tienen 20 días hábiles a partir de que les entregaron el salvoconducto para salir de México y evitar la deportación. “Vamos a ver si sacamos a nuestros dos hijos de Cuba. Uno de los motivos por los cuales voy a Estados Unidos es que el 13 de diciembre cumple 15 años mi hija y en Cuba no podría celebrarlos”.