Dan espalda a la realidad

"Avisaín Alegría * CP. Un joven que, debido a su discapacidad por una malformación genética, se vio obligado a pedir limosna, ""lloró sangre"" por el desgarre interno de su alma, al ver con pesar la indiferencia de la gente, víctima de la fiebre materialista por hacer y tener más. En Chiapas, más del 90 por ciento de la población sufre pobreza extrema, según la Conapo y economistas. Un sector está obligado a la mendicidad.

Sol intenso. Mediodía en la capital chiapaneca. Los rayos del astro rey caen de lleno sobre la humanidad de un joven que yace derrumbado en la 4ª Sur entre Calle Central y 1ª Oriente.

La playera verde desteñida, como su esperanza desgastada. Ha esperado mucho tiempo. Ayer esperó en vano durante varias horas a que el corazón de la gente se sensibilizara.

El vaso de unicel extendido al paso de los peatones luce vacío. Apenas tres monedas de un peso y de 50 centavos en tres horas de espera. Ni para comprar un agua fresca y mitigar su ardiente sed.

Increíble. El sol en su cenit quema inclemente: 35 grados centígrados, pero no alcanza a derretir el témpano de hielo empotrado en el corazón de los miles que caminan, que corren en el corazón de Tuxtla Gutiérrez.

Veloces pasan frente al joven con mirada escéptica. Corren como huyendo de la pobreza. Van en pos de ganancias. Es quincena. Van a los bancos a cobrar sus cheques. Nadie tiene tiempo para detenerse y pensar en otros. Menos para darles lo que es el fruto de su esfuerzo. Egoísmo puro. Ostracismo auto impuesto.

La mirada, antes tierna y suplicante del joven se ha transformado. Sus ojos se cierran para evitar los reflejos del sol sobre el techo de lámina de un local aledaño. Luego, permanecen cerrados: reprimen un llanto. ""Los hombres no lloran"", recuerda que le decía su abuela.

Por mucho tiempo le ha obedecido. Pero ya es mucho. Sus débiles fuerzas se han extinguido. Son años de sufrir desprecio y discriminación. Ya no tiene resiliencia. Llora. Es sólo una lágrima. Solitaria como su existencia. Pero le cala hondo. La mirada tierna se torna dura. Hierro listo para herir. Con rabia contenida mira a los que voltean para ver su pie derecho deforme. No aguanta más y exclama:

-¡Qué! ¿Soy o me parezco?

Su pie pesa mucho, más de 30 kilos. Le pesa más la vida. Es una loza inamovible.

Como el joven sin nombre, Marco, otro joven oriundo de San Cristóbal de Las Casas, pide limosnas. Es invidente. Él ofrece música de teclado a cambio de las monedas. Al día no supera los 150 pesos.

La historia se repite en niños, jóvenes, señoritas, adultos y ancianos. La capital chiapaneca concentra a cientos de mendigos. Son hijos de la calle, hijos de nadie, responsabilidad de todos. Son marginados.

Chiapas, según el Consejo Nacional de Población (Conapo), desde el 2000 ocupa el nada honroso segundo lugar a nivel nacional en marginación y pobreza; primero en analfabetismo.

Por su parte el economista Julio Bolvinit, en su encuesta considera que más del 90.2 por ciento de la población está en un rango de pobreza extrema, aun cuando el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) tiende a maquillar la realidad.

Y es que, según el organismo federal, alguien que trabaja un día ya no es desempleado. Alguien que percibe más de tres mil pesos mensuales ya no es considerado pobre. Con todo y eso, de los casi cuatro millones 793 mil 406 habitantes al 2010, sólo 314 mil están en el sitio privilegiado de ""no pobres"".

Pero la realidad es que millones de chiapanecos son pobres, tanto que se niegan a dar unas monedas a los extremadamente pobres, que dependen de la benevolencia ciudadana.

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