La Norma Oficial Mexicana NOM-046-SSA2-2005, establece la obligación de las instituciones de salud de detectar, atender, resarcir y erradicar cualquier manifestación de violencia contra las mujeres, trabajo que es realizado en la Secretaría de Salud, a través del Programa de Atención a la Violencia Familiar y de Género.
Ivette Alejandra Chacón Santiago, encargada del programa, comentó que en las instancias de salud en el estado se aplica una herramienta de detección para identificar cierto indicador de violencia que pueda padecer una usuaria. Se aplica a mujeres que llegan a control prenatal, de puerperio, y por cualquier enfermedad.
Cuando se detectan posibles casos de violencia se hacen las canalizaciones correspondientes a las áreas de atención, para lesiones físicas o psicológicas de leves a moderadas, dependiendo de la capacidad de resolución que tiene la unidad donde se detecta.
“Se brinda la atención oportuna para lesiones físicas y se hacen las canalizaciones correspondientes para la atención de la salud mental, para ello se cuenta con servicios especializados que brindan la atención sin revictimizar a la paciente”, manifestó la especialista.
Cuentan con psicólogos especializados que se capacitan de manera constante, que trabajan conforme a los protocolos de atención manejados por la Secretaría de Salud, para la atención oportuna de víctimas de violencia.
Refirió que la violencia en todas sus manifestaciones se considera un problema de salud pública a nivel global, porque tienen consecuencias a corto, mediano y largo plazo en el bienestar general de las víctimas, e incluso en su núcleo familiar.
Manifestaciones de la violencia como la física, tiene consecuencias desde golpes, luxaciones, traumatismo ocular, craneoencefálico, fracturas, quemaduras; la sexual puede generar embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, problemas en la sexualidad, vaginitis, entre otros.
En el aspecto psicológico, lo que ataca principalmente cualquier tipo de violencia es la autoestima, impactando directamente en la toma de decisiones, la asertividad, provocando temor en el día a día, insomnio, problemas alimenticios, trastornos de ansiedad, estrés postraumático.
Desafortunadamente, para algunas personas todavía la violencia está normalizada, siendo invisibilizada y minimizada, por lo que se siguen alimentando este tipo de conductas generación tras generación. Repitiéndose los patrones de crianza que naturalizan la violencia.












