"Las guerras terminan cuando una de las partes gana, pero los efectos sobre la población inmersa entre las balas permanecen durante generaciones. De ello ningún conflicto armado está exento; tampoco el que vivimos hoy en México por la acción del crimen organizado.
La presencia de mafias en el territorio nacional no es nueva. Hay registro de asesinatos de jefes policiacos, decomisos y balaceras similares a las actuales desde los años 80. Pero es hasta ahora que todos esos fenómenos se han recrudecido y masificado.
""Si un individuo vive el impacto de un trauma tiene una fragmentación interna. Si se habla de una situación colectiva, esto se traduce en desarticulación social"", dice Luciana Ramos Lira, experta de la Dirección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales del Instituto Nacional de Psiquiatría ""Ramón de la Fuente Muñiz"". ""Se puede avizorar una depresión social. El término se traducirá en la imposibilidad de muchos grupos e individuos para incorporarse en forma plena a las acciones de orden general"", añade el investigador Juan Martín Sandoval de Escurdia.
Van 30 mil muertos en relación con la guerra contra el crimen organizado, cada uno de ellos padre, madre, hijo, hermano, compañero de clase o pareja de alguien. Cuando se trata del impacto social, no importa si los asesinados eran criminales o no, igual habrá decenas de miles que lo lamenten, queden desprotegidos, hereden la actividad delincuencial o busquen venganza y se hundan en el rencor. También están los miles que han visto cuerpos decapitados, personas muertas que cuelgan de los puentes peatonales. En pocos años, los ciudadanos de varias partes del norte y suroeste del país -con tradición de desparpajo y festejo- ahora no se atreven a salir de sus casas al anochecer.
La manifestación sicológica inmediata de la guerra en los ciudadanos actuales ha sido el miedo. Pero quizá más preocupante sea el efecto en las generaciones venideras. Estudios en otros conflictos armados como los de Centroamérica o África revelan que los niños llegan a interiorizar lo bélico. Hay una socialización de la violencia. Son esos menores quienes más fácilmente hallan en el crimen un modo de vida.
El momento histórico que vivimos hoy será puesto en los libros de historia venideros a la altura de la convulsión armada de 1910 o de la Guerra Cristera de los años 30. Un tiempo de instituciones amenazadas, poblaciones envilecidas y ciudadanos temerosos.
La sique mexicana futura dependerá de cómo manejen las generaciones actuales estos retos. Sobreponerse al miedo, la falsa desmemoria o la apatía será el mayor de todos.
(El Universal)
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