"En medio del luto que embarga a las familias de trabajadores de Petróleos Mexicanos (Pemex) por el accidente en su plataforma de perforación Usumacinta, en la Sonda de Campeche, vuelve a surgir la incertidumbre sobre qué vamos a hacer con una paraestatal que ha sido el soporte económico del país por décadas, pero que cada vez más frecuentemente muestra sus límites y carencias. Por el bien de México tendríamos ya que estar debatiendo los términos de nuestro futuro energético.
Por supuesto que hay accidentes casi de manera inevitable en empresas como Pemex, que suponen la realización cotidiana de muchas actividades de riesgo. Nunca faltan los imponderables. Sin embargo, la posibilidad de que en cada evento el número de víctimas sea reducido va de la mano con los niveles de inversión en seguridad e infraestructura de la propia companía. Las contingencias se previenen con planeación e inversión, dos de los ""talones de Aquiles"" de una empresa estancada en sus procesos productivos, amarrada a un sindicato sui géneris y atrapada en tres realidades inevitables: decrecimiento natural de sus riquezas, falta de inversión y un entorno mundial cada vez más adicto al uso de energía fósil, donde la crisis se expresa en altos precios de momento y la amenaza es que los mismos produzcan el anticuerpo de la generación alternativa de energía en todo el mundo.
Ciclos de precio del pasado reciente nos recuerdan que el petróleo, que hoy está a punto de alcanzar los 100 dólares por barril, en los 80 costaba menos de 10. El ""doble terremoto"", se le llamó entonces al abrupto descenso.
Los encargados de la política energética del país, la secretaria del ramo, Georgina Kessel, y Jesús Reyes Heroles, director de Pemex, senalan respectivamente que hay petróleo todavía como para los próximos 60 anos, pero que, por lo que respecta a este sexenio, la extracción de hidrocarburos no podrá ser superior a los actuales niveles, por carecer de recursos y la tecnología para ello.
No hay cómo, con el actual régimen fiscal de Pemex y sin reforma energética de fondo, se pueda ir por el petróleo que ya sólo queda en pozos y activos ubicados en aguas profundas.
No es tiempo de distribuir culpas ni de cerrar el debate a irreductibles posiciones, sino de asignar tareas concretas, para explotar mejor nuestros recursos naturales, pero también para hacerlo en condiciones limpias, ecológicamente sustentables y, sobre todo, seguras. Las 19 familias mexicanas que hoy lloran a sus seres queridos, y con las que el país entero debe solidarizarse en estos momentos de dolor, deben recordárnoslo. Debemos sacar a Pemex de su marasmo, porque lo peor sería tener una empresa quebrada -la única petrolera en el mundo en tal estatus-, generando con cada vez más trabajo y sangre menos dólares que se van al gasto corriente del gobierno. Sin un plan de mediano y largo plazo que nos guíe hacia la siguiente etapa de nuestro desarrollo energético, Pemex seguirá siendo un rehén ideológico y financiero de nuestra inacción colectiva. (El Universal).
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