De estabilidad y tránsfugas

"EL empresario mexicano Carlos Slim Helú hizo ayer una serie de reflexiones respecto de la estabilidad y el crecimiento económico de México, que merecen ser analizadas. El senor Slim Helú hizo una severa crítica a países como México que hacen de la estabilidad económica un fin y no un medio para procurar la prosperidad de sus habitantes. ""Tener finanzas públicas sanas, estabilidad financiera y baja inflación, son condiciones básicas para el desarrollo, pero no suficientes. Lo que se necesita es tener un crecimiento sostenido de alto nivel, que genere empleos y que se sustente en el capital humano y en el capital físico"".

Slim también habló de que la riqueza petrolera se está despilfarrando, en lugar de usarse para reinvertir en el propio Pemex o en inversión productiva.

Es frecuente que las autoridades fiscales y económicas del país antepongan a cualquier otra consideración de desarrollo el discurso ortodoxo que otorga al bienestar de la macroeconomía la llave del progreso social, cuando, en los hechos tal equilibrio no sirve de mucho para que haya más y mejores empleos y las empresas prosperen.

Claro que es bueno tener una inflación baja y control sobre la deuda interna y externa, pero mejor aún sería que dicha estabilidad se reflejara en los bolsillos de los mexicanos y sirviera, como pide Slim, para detonar a nuestra economía.

Vale insistir en que esta crítica al modelo, no parte de un fundamentalista de la ideología, atrapado en algún extremismo, sino de uno de los empresarios más exitosos de México, con una amplia autoridad para hablar de lo que al país sirve en materia económica y financiera. A nadie conviene mucho menos a los empresarios que el país se estanque en un modelo que no sirve al desarrollo de los mexicanos y que sólo se conforme con manejar números macroeconómicos sanos.

En el mismo acto, hubo una segunda reflexión, esta vez de tono político y partió del ex presidente de Espana, Felipe González, quien consideró que en México hay un transfuguismo político preocupante, pues éste debilita a la democracia. Esa enorme movilidad que tienen los miembros de la clase política mexicana, para colocarse rápidamente en cualquier partido político, no puede ser nada bueno, pues en la opinión del estadista espanol ello sólo revela debilidad en los institutos políticos, poco compromiso ideológico con proyectos de nación de largo plazo, y sí, en cambio, una preponderancia de los intereses personales y de grupo, por sobre las instituciones y las ideas, que deberían ser menos discrecionales de lo que actualmente parecen.

El llamado de atención que hace González sobre ese punto no es desdenable. Un sistema fuerte de partidos se basa en instituciones políticas que reflejen más o menos con exactitud cómo está dividida ideológicamente la sociedad.

Sin embargo, al permitirse y aun propiciarse el salto de algunos políticos de un partido a otro, con fines electoreros y de corto plazo en lo que subyace un interés obsceno por el poder político a como dé lugar, sólo se propicia en la ciudadanía, con razón, la desconfianza hacia los políticos, a los que les da igual abanderar cualquier declaración de principios o estatutos, con tal de alcanzar puestos de elección popular o cargos gubernamentales, lo cual resulta en un espectáculo lamentable, pero también peligroso para el futuro del país.

La democracia, para serlo, no sólo se nutre de partidos fuertes, en los que existan principios, doctrinas y proyectos de nación, sino también de hombres firmes que los defiendan, que crean en ellos y que a través de ellos construyan una nación, no sólo su individual futuro político. (El Universal)

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