"Hace dos años y tres meses, el entonces secretario de Hacienda, Agustín Carstens, declaró lo siguiente: ""Yo estoy seguro de que no nos dará pulmonía, nos dará un catarrito"". Se refería a la caída económica mundial que en ese momento apenas se gestaba en Estados Unidos. El mismo personaje, actual gobernador del Banco de México, declaró que la crisis griega no debe quitarnos el sueño porque ""tenemos una situación fuerte para enfrentar estas situaciones"". En estos casos tan volátiles -lo sabe mejor que nadie Agistín Carstens- siempre es mejor guardar prudencia.
Es cierto que Grecia no es lo mismo que Estados Unidos. ""Tenemos que tomar en cuenta que hay una distancia mayor entre Europa y México en integración económica. En 2008 y 2009 el epicentro del problema fue en Estados Unidos, que está cerca de casa y con quien tenemos una mayor integración. Europa es muy importante, pero el grado de integración es distante"", dijo con acierto el funcionario.
De cualquier forma, una lección dolorosa que hemos aprendido varios países del orbe, es que en un contexto de globalización no puede desestimarse ninguna posibilidad de contagio.
El caso de Grecia podría ser paradigmático en ese sentido. El país -considerado cuna de la civilización occidental- representa apenas el 2,4 por ciento de la Unión Europea en términos de Producto Interno Bruto (PIB), pero una suspensión de sus pagos de deuda significaría para varios bancos de Europa dejar de recibir ingresos por miles de millones de euros en bonos soberanos griegos. Entidades financieras alemanas, británicas y francesas se verían en riesgo, lo cual compromete a todo el continente.
øY México, qué relación tiene con todo estoú Portugal es el país que sigue en la lista de los que tienen problemas con su deuda y fueron los bancos españoles los que financiaron buena parte de esa deuda. Si, como se prevé, la nación lusa es contagiada por Grecia, las instancias financieras españolas quedarían comprometidas. Y esas empresas son parte del corazón del sistema bancario mexicano.
El impacto para México no necesariamente se limitaría a un catarrito.
La banca española ha crecido en las últimas décadas en buena medida por sus inversiones en América Latina. Sería injusto que ahora, después de haberse beneficiado con el capital mexicano, el dinero de los ahorradores en este país termine resarciendo los errores cometidos en otras latitudes.
Con todo, en lo que toca a la crisis financiera griega -como en cualquier otra epidemia económica o biológica- la realidad no está obligada a ser justa. (El Universal)
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