De Haití a Chile y luego a Chiapas

Los haitianos aseguran que en México no han recibido comentarios de discriminación pero sí un grado de insensibilidad por parte del INM. José Ortega / CP
Los haitianos aseguran que en México no han recibido comentarios de discriminación pero sí un grado de insensibilidad por parte del INM. José Ortega / CP

Migrantes haitianos viven en la zozobra de esperar la acreditación que les permita avanzar hacia el norte del país y conseguir empleo en ciudades como Tijuana y Mexicali.

Emanuel migró de Haití orillado por las consecuencias del terremoto de 2010, pues su país no cuenta con condiciones de seguridad, ante los conflictos políticos que derivan en situaciones de ingobernabilidad que incluyen áreas controladas por grupos armados.

Hoy cumple cerca de dos meses a la espera de que el gobierno mexicano, a través del Instituto Nacional de Migración, le permita acreditarse para permanecer en nuestro país en calidad de refugiado.Emanuel puede desempeñarse en albañilería y sastrería. Además, piensa que las autoridades desestiman las historias de los haitianos debido a que son semejantes, “todos huimos de la inseguridad, por ello tal vez no nos creen”.

Emanuel junto a una hija y su esposa espera ser considerado por el gobierno mexicano para poder continuar su camino hacia Tijuana, en donde asegura que conseguir trabajo es muy fácil.

Comenta que vivió cinco años en Chile, donde pudo ahorrar algunos recursos desempeñándose como trabajador de una ferretería, pero poco a poco los ahorros se acabaron, pues se quedó ochos meses varado en Panamá como resultado de la pandemia.

En tanto, Prosbel cuenta una historia muy similar: él huyó de su país víctima de amenazas de muerte y después de ser atacado con un arma blanca por un compañero que le había exigido que no hiciera el mismo trabajo que él, pues no podían estar en el mismo lugar.

Salió de Haití y tras de sí dejó a una hija pero consigo lleva a otra de sus hijas y su esposa. Es maestro de biología y veterinario de profesión, pero asegura que puede desempeñarse en empleos de carpintería; tiene ocho meses entre Tapachula y Tuxtla, en donde espera no ser deportado y seguir su camino hacia el norte.