De la radio a la Internet

De la radio a la Internet

Es una noche tranquila y agradable, mi habitación está casi en penumbras, me llega un leve reflejo amarillento del arbotante de la calle que logra traspasar la cortina. En mi mesa de noche, está una radiograbadora programada en la estación “Radio Mundo FM Internacional”… Estoy en Ciudad de México y corre el año de 1978, acabo de ingresar a la UNAM y vivo en una casa maravillosamente acogedora en la colonia Narvarte, propiedad de la maestra Elvia León de Tirado. La radio me ha acompañado por largo tiempo, incluso en esta etapa mi vida universitaria como mi despertador personal, al sintonizar “La Hora Nacional” que proporcionaba minuto a minuto la hora en una transmisión ininterrumpida las 24 horas del día, y con bloques de anuncios comerciales entre minuto y minuto, como aquel de “chocolates Turín, ricos de principio a fin”.

Por tanto, escuchar la radio ha sido una costumbre agradable para mí que inició desde que era muy pequeña y me estimulaba a soñar, planear, relajarme y olvidar las batallas del día a día. En ese entonces, la televisión aún no llegaba a mi tierra natal y uno de los entretenimientos más populares era la radio, muy presente en nuestro ambiente familiar; veía a mi mamá acompañar siempre sus labores cotidianas con la ambientación de la “XEW, la Voz de la América Latina, desde México, Ayuntamiento 52”. Con ella escuché “La hora azul” y al compositor Agustín Lara, Toña La Negra como una de sus intérpretes principales y canciones de su autoría como “Noche Criolla” u “Oración Caribe”, Las Hermanas Águila interpretando canciones de los hermanos Domínguez como “Humanidad”, a María Luisa Landín, entre otros. La radio era el medio electrónico más utilizado de la época, que se sostuvo a pesar de la llegada de la televisión. Crecí con ella, ya que mis padres tenían gustos radiofónicos muy bien definidos. Por el lado de mi papá crecí escuchando “Radio Habana Cuba” que era captada desde un hermoso radio de bulbos de onda corta, a través del cual se comentaba sobre la aún muy joven consumada Revolución Cubana y el ascenso de Fidel Castro Ruz como presidente del nuevo régimen comunista, siendo yo todavía muy pequeña pero que se fijó en mi mente de manera particular, así como también la difusión por este medio del asesinato del presidente John F. Kennedy y el no menos lamentable de Martin Luther King, fue la primera ocasión que escuché las palabras “racismo” y “comunismo” algo que no acabaría yo de comprender sino hasta muchos años después.

Quizás esto se me grabó porque a la par escuchaba decir a mis mayores que “el mundo se iba a acabar, que se avecinaba la tercera guerra mundial”, lo que causaba un gran impacto interno en mí, el que ni razonaba ni preguntaba, sólo me limitaba a experimentar un temor natural que a los pocos minutos de oír el comentario, mi mente divagaba ya en otros intereses o distracciones normales para mi edad.

Sin embargo, el comunismo permeó tanto a nivel mundial que, nuestro país, estado y pueblo experimentarían una oleada de prejuicios políticos y religiosos de los que no éramos ajenos, algunos fundados y otros infundados; que provocaron las más diversas reacciones como el de las autoridades eclesiásticas de la época que decidieron difundir vía el párroco de la ciudad, unos carteles pequeños que debían ser colocados en las puertas o portones de entrada a las casas con la leyenda: “Cristo SÍ, Comunismo NO”, un recuerdo muy arraigado en mi mente ligado a este tema. En México estaba ya presente el culto a Pedro Infante, sus canciones, sus películas y era gobernado por el presidente Adolfo López Mateos. Yo, empezaba mi instrucción primaria.

Noticias, música, programas variados eran la novedad y el deleite de nosotros los radioescuchas. Había programas que no eran de mi total interés pero que mi papá escuchaba, se emocionaba y ello me suscitaba cierta curiosidad; eran los de eventos deportivos. Por ellos, pude enterarme de grandes narraciones de encuentros boxísticos nacionales e internacionales como lo fue el triunfo de Vicente Saldívar vs. Ultiminio Ramos por el cetro y categoría de peso pluma en 1964 o las muchas hazañas de Raúl “Ratón” Macías.

Se escuchaba frecuentemente música de las Grandes Bandas: Glenn Miller (Jarrito Pardo, Collar de Perlas), Louis Amnstrog (What Wonderful Word, When You Smiling), Aretta Jones o Ella Fritzgerald y con ellos inició lo que para mí sería un franco gusto por la música de jazz, que también se podía adquirir y atesorar en el formato de LP (Long Play) de 33 y 45 revoluciones muchos de los cuales aún conservo, las consolas y los tocadiscos marca RCA Víctor, Telefunken o Punto Azul para reproducirlos eran motivo de orgullo y presunción para muchos hogares de aquel entonces.

Mis hermanas mayores solían escuchar a Elvis Presley, Edi Gormé, Frank Sinatra (Extraños en la noche), Nat King Cole (For Sentimental Reasons, Unforgettable) Los Beatles (Yesterday, Michell, Misery), Ray Connif con su sonido excepcional o Ken Griffin, lo que terminaría por influenciarme fuertemente. A la hora de la comida siempre había música de fondo de algún disco reproducido en nuestra consola o por lo general sintonizando el programa “Sobremesa Musical”, en la estación de radio local que era trasmitido de 14:00 a 15:00 p.m. a cargo del maestro Hermilo Vives Warner, poseedor de una voz acariciante, tersa y varonil, y de una cultura general envidiable; que intercalaba entre melodía y melodía comentarios referentes a distintas culturas del mundo relacionadas con éstas canciones. Este medio de comunicación, cumplía con una labor esencial: la social, pues al mismo tiempo que era una opción de diversión auditiva que contribuía activamente a la imaginación, con programas como la “Hora del Grillito Cantor” del extraordinario Francisco Gabilondo Soler, cuyas canciones maravillosas eran siempre acompañadas de un cuento que se ocupaba de trasmitir y reforzar los valores formativos para la niñez de la época como el respeto, la honradez, la igualdad, la solidaridad, el amor al trabajo etc., también incluía programas de contenido cultural como el del Seminario de Cultura Mexicana corresponsalía Comitán, que promovía temas de interés general, entrevistas con promotores o artistas locales y que era esperado y escuchado con gran interés por un amplio sector, y a la par, ejercía espacios de contenido social con los cotidianos avisos de ocasión que podían consistir en una felicitación, una esquela o los saludos radiofónicos que rápidamente se hicieron muy populares entre cierto grupo de la población, lo que hacía patente la gran penetración que este medio logró entre la ciudadanía, posicionándose de manera privilegiada y permaneciendo entre nosotros.

Todo esto contribuyó a definir mis aficiones musicales, continúe prefiriendo el género instrumental como Frank Pourcel, Paul Muriat o Fauto Papeti y mucho de la música latina de ese entonces: Sergio Mendes, Austrud Gilberto y todo el movimiento de Bossa brasileño encabezaban la lista, sin abandonar a los Beatles, seguidos por los Bee Gees que marcaron toda una época y tendencias. A la par Charles Aznavour hacía de mis tardes de estudiante toda una gala, era la gloriosa década del 70. La música de protesta gana terreno y Chava Flores a través de su música hace un perfecto perfil social del México que ha vivido. Está el periodo gubernamental de Luis Echeverría Álvarez, de triste memoria por la reciente matanza de Tlatelolco y el movimiento estudiantil del 68, noticia que es difundida por la radio local y nacional, aunque con su lógica censura.

Hasta ese entonces la música, los adelantos tecnológicos, la moda, la literatura, etc., eran de larga permanencia. Los cambios eran mínimos y lentos, todo gozaba de una genial estabilidad, uno tenía tiempo suficiente para paladear cada novedad y sorprenderse con alguna otra propuesta que de pronto irrumpía en el escenario popular de la época.

Llega la década de los 80, y con ella el inicio de la era informática, la entrada del neoliberalismo y la incipiente globalización, el trágico terremoto en la Ciudad de México en 1985 que me tocó vivir, donde la radio tuvo una presencia fundamental y determinante. Las noticias sobre la aparición del Sida como el nuevo azote mundial y la incredulidad en torno al primer portador famoso de la enfermedad: el actor de Hollywood Rock Hudson. En la música se catapulta Michael Jackson, se corona como El Rey del Pop y domina la escena musical mundial. Aparece el internet y las primeras computadoras personales, para transformar nuestros gustos y nuestra vida de manera dramática e irreversible.

La radio pues, se ha ido adaptando a las nuevas tecnologías y puede ser escuchada por internet desde plataformas tales como spotyfy incorporándose así a los gustos de las nuevas generaciones. La música de mi preferencia se escucha excepcionalmente en ella, y cuando sucede, se agolpan en mi mente nostálgicos momentos de épocas pasadas lo que disfruto intensamente, muchos afamados intérpretes han concluido su ciclo de vida y sólo permanecen en nuestro recuerdo, la programación radiofónica es cada vez más especializada, el humano contacto auditivo con los locutores en ocasiones es inexistente, salvo formatos diseñados para ello, ha sobrevivido a los cambios y a las preferencias del público. Por fortuna, la radio sigue viva, y yo mantengo vivos mis recuerdos con los hechos relevantes que a través de ella conocí y disfruté. Han transcurrido algunos años y pareciera muy lejana la noche aquella en la que la luz del arbotante público penetraba mi habitación estudiantil, con su programación exquisita de “Radio Mundo” y la “Hora Nacional” y el cúmulo de añoranzas que todo ello me provoca.

Larga vida a tan maravilloso invento.