La travesía, motivada por la fe, comenzó desde el pasado 29 de noviembre; el reto que se plantearon los 26 peregrinos que partieron desde el municipio de La Trinitaria hacia la Basílica de Guadalupe (en la Ciudad de México) se cumplió. Este miércoles descansaron en el parque de la Marimba en Tuxtla Gutiérrez para emprender el regreso a casa.
Héctor Reyes, con nueve años como peregrino, explicó que iniciaron sus actividades desde el rancho El Encanto y la pandemia de la covid-19 no les impidió realizar la caminata.
Todos los días, relató para Cuarto Poder, avanzaban 150 kilómetros por carretera, soportando las inclemencias del tiempo que se combinaron entre calor y frío; los feligreses se motivaron por la admiración que tiene a la morena del Tepeyac.
Estancia a cientos de kilómetros
Este grupo de peregrinos ingresó la Basílica de Guadalupe sin mayores contratiempos, respetando los lineamientos de salud. En este lugar pasaron un día completo, y la nueva ruta marca el regreso a La Trinitaria el próximo 12 de diciembre a las 10:00 horas.
Héctor Reyes aseguró que no hay palabras que describan la sensación de ver la imponente imagen de la guadalupana, esto después del recorrido kilométrico que realizaron con la antorcha en mano. “Se te hace el corazón chiquito, en mi caso con lágrimas y todo, es algo excepcional”.
Añadió: “Es un trayecto largo, pasas frío, hambre, cansancio. No hay lugar para bañarse, medio comes, medio duermes, medio descansas; todo es tu fe, tu creencia hacia la Virgen de Guadalupe. Es una cosa maravillosa; nosotros salimos de Veracruz para tocar tierras chiapanecas.”
Lo único que ha pedido para el año que viene, dijo el peregrino, es que le vaya bien a todos en lo personal y en lo laboral. El siguiente punto para este, es pernoctar en Chiapa de Corzo, después seguirán su camino hasta llegar al rancho El Encanto.
Los peregrinos, aunque algunos mostraron leves molestias por el cansancio, se han mantenido bien de salud gracias a la coordinación que mantuvieron en los recorridos con las antorchas. “La fe puede más que todo, depende de uno (...), la Virgen toca los corazones.”
A lo largo de los cientos de kilómetros que recorrieron en un vehículo, lo único que buscaban en los pequeños tramos carreteros era un pequeño cobijo, una gasolinera, una tienda, cualquier lugar fue ideal para tomar algunos descansos.
“Es la primera visita que tenemos a la Basílica, es algo indescriptible, es algo excepcional. Yo con mucho gusto el siguiente año lo volvería a hacer, si Dios y la Virgen me prestan vida”, resaltó Héctor.












