Ana Laura Mondragón * CP. Tras la reconversión productiva, que rescató miles de predios, en Chiapas se está poniendo de moda la agroforestería.
Se trata de una práctica que consiste en combinar árboles, cultivos de temporada, forrajes y pastizales, lo que da como resultado sostener la producción animal, mejorar la economía de las familias que se dedican al campo y reducir la frecuencia e intensidad de los incendios.
Dicha experiencia adopta una serie de técnicas que combinan la agronomía, la silvicultura y la zootecnia, para lograr un adecuado manejo del conjunto y las interdependencias entre cada uno de sus elementos; a esta experiencia ya se le ha denominado la agricultura del siglo XXI.
En la entidad ya se realizan los estudios y esfuerzos necesarios para propagar esta experiencia entre las organizaciones sociales y campesinas que han visto menguada su producción por el desgaste de sus tierras, o en donde los animales sufren graves crisis alimentarias.
Al respecto, el secretario del Campo, José Ángel del Valle Molina, señaló que en la entidad se están implementando diversas estrategias para la práctica de los sistemas agroforestales, como son los agrosilvícolas, que consisten en alternar árboles y cultivos de temporada; los silvopastoriles, que combinan árboles y pastizales para sostener la producción animal; y por último los agrosilvopastoriles, alternando árboles, cultivos de temporada, forrajes y pastizales.
Explicó que esta práctica ya se ha estado llevando a diversos municipios, sobre todo en aquellos en donde la poca producción está presente, y ya golpea en la economía de la comunidad.
El titular de Secam explicó que la agroforestería se refiere a sistemas y tecnologías de uso del suelo, en los cuales las especies leñosas perennes como árboles, arbustos, palmas, entre otros, se utilizan deliberadamente en el mismo sistema de manejo con cultivos agrícolas y producción animal, con el propósito de lograr mejoras en la productividad.
Indicó que los sistemas agroforestales proponen un manejo integrado de todos los recursos productivos que existen en una unidad de terreno, se orientan a permitir actividades productivas en condiciones de alta fragilidad con recursos naturales degradados, mediante una gestión económica eficiente, alterando al mínimo la estabilidad ecológica, lo cual contribuye a alcanzar la sostenibilidad de los sistemas de producción y, como consecuencia, mejorar el nivel de vida de la población.
Señaló que la característica principal de estos sistemas es su capacidad de optimizar la producción del territorio a través de una explotación diversificada, en la que los árboles cumplen un rol fundamental.
Del Valle Molina indicó que para lograr que los diferentes sectores le apuesten a esta nueva forma de agricultura, también se está trabajando en la difusión de este proyecto y la concientización de la importancia de los árboles.
Recordó que éstos son proveedores importantes de servicios como seguridad alimentaria, conservación de suelos, aumento de la fertilidad del suelo, mejora del microclima, cercos vivos para los cultivos y árboles frutales, demarcación de límites, estabilización de cuencas, protección de la biodiversidad, recuperación de tierras degradadas y control de maleza.
Explicó que los beneficios de la agroforestería son muchos, como asegurar una mayor estabilidad y retornos económicos en mediano y largo plazo dado el reconocido aumento en la eficiencia biológica del sistema, ya que ayudará a un incremento de la productividad no sólo para una parcela, sino que para toda la comunidad o región.
Por su parte, el ingeniero forestal Emilio Palomeque, explicó en una investigación realizada en el municipio de Huehuetán, que la agroforestería también puede desempeñar una función importante en la conservación de la diversidad biológica dentro de los paisajes deforestados y fragmentados, suministrando hábitats y recursos para las especies de animales y plantas, manteniendo la conexión del paisaje, y reduciendo la frecuencia e intensidad de los incendios.











