“El acoso escolar es violencia, vivimos en violencia pero solo le cambiamos el nombre y hasta lo clasificamos”, explicó la psicóloga Jazmín Madariaga Martínez por la relación entre el bullying y la violencia familiar.
Explica que —en el aspecto de la psicología— en cuanto a la agresión hay dos cuestiones: ¿por qué me cae mal una persona? y ¿por qué la rechazo?, “el mismo psicoanálisis dice que la persona tiene algo que yo quiero y no puedo tener”, señala.
La psicóloga explicó que las infancias que viven en un contexto de enojo, ira, abuso, violencia, maltrato, desinterés, apatía, no sabrán expresar sus emociones, si no les han enseñado, y solo replicarán lo que ven y escuchan, “¿cómo va a dar un abrazo?”, cuestiona.
“Lo más importante es inculcarles la confianza, que se sientan cercanos, escuchados y que sepan afrontar consecuencias y soluciones. Es también poner límites para fortalecer la capacidad de tolerancia a la frustración y paciencia, para saber respetar a los demás”.
Para la psicóloga es indispensable saber manejar las emociones y para ello se necesitan actividades desde físicas, juegos didácticos, hasta ver un programa que incluya valores, “pero lo principal es que nos sientan y nos vean presentes”.
No solo se trata de terapia
Madariaga Martínez explicó por qué los hijos son el foco rojo de que algo pasa en casa y lo reflejan en problemas académicos y de conducta, puesto que muestran un malestar en el rol de madre o padre.
“No solo es llevar a los niños a terapia, eso sería como bañarlos y ponerles la misma ropa sucia”, es decir, los adultos deben ser los primeros, o a la par, quienes reciban el apoyo psicológico.
“No sabemos ser padres, no sabemos ser adultos. Debemos saber que si estamos bien podremos hacer bien las cosas”, insistió la experta. Destacó la importancia de ser conscientes de las necesidades de quienes dependen de los adultos para poder evitar que la violencia continúe replicándose desde casa.












