“Considero que la reforma eléctrica que se está promoviendo desde la Presidencia de la República, es una de las más importantes del sexenio y podría ser de las más importantes en varias décadas, porque procura recuperar la soberanía energética, que es el tema fuerte”, manifestó Enrique Mojica Castillo, ingeniero en energía y Maestro en Ciencias en Desarrollo Sustentable.
Comentó que la reforma plantea en general la recuperación del Estado del sistema eléctrico nacional, debido a que desde hace década pero en especial desde el 2013 con la reforma energética del gobierno de Felipe Calderón, nuestro país perdió su independencia energética porque funcionarios dejaron entrar a empresas extranjeras, sin pagar ni un solo peso.
¿Cómo fue que se entregó el sistema eléctrico?
Se empleó a las energías renovables como un caballo de Troya, argumentando que en México no había suficientes profesionistas en el campo y tampoco tecnología, por lo que dejaron entrar a empresas extranjeras, una de ellas fue Iberdrola, de origen español, que estaba muy interesada en Latinoamérica, y que ha dejado un impacto negativo a donde ha llegado.
En su momento, en contubernio con las autoridades, trajeron su tecnología y empezaron aprovechar los recursos naturales de México, a pesar de los procesos de resistencia social debido a los desplazamientos que causó.
Con esto, desde el gobierno se gestó la figura de sociedades de autoabasto, que dio paso al deterioro del sistema eléctrico nacional, porque de esta forma las privadas no pagaban nada a pesar del uso de la infraestructura nacional.
Era un esquema legal muy bien pensado para beneficiar a mucha gente (funcionarios), que después terminaron trabajando para Iberdrola, como el mismo Felipe Calderón, una vez que terminó su gobierno. Se creó un sistema de negocios funcional para muy pocos.
¿Ahí comenzó el deterioro del sistema eléctrico?
Con la reforma energética de 2013 se dio una gran apertura, “marcada por la vergüenza, ya que hablamos de casos internacionales como el Odebrecht, que destapó una red de corrupción promovida desde una empresa, que llegó al más alto nivel, con grandes capitales y servidores públicos a merced del gran capital”.
Ahí comenzó un entreguismo, una explotación de los recursos naturales, lo que hizo que el servicio se fuera mermando poco a poco, hasta llegar al punto en que en el 2018, fue el cuarto año en el que México perdió su independencia energética, es decir, que el último año que logró producir lo que consumía fue el 2013.
¿Cómo funciona el sistema eléctrico nacional?
Para entender la reforma eléctrica primero se debe conocer cómo funcionan las líneas de transmisión que cruzan todo el país y la generación de energía.
En el sistema nacional de transmisión la energía que se genera en cada estado del país pasa por una misma línea eléctrica, todas las centrales de generación de electricidad están conectadas a una misma red.
Sin embargo, nuestro país depende prácticamente hoy día de los combustibles fósiles; las zonas industriales los emplean para la generación de electricidad, debido a los grandes niveles que requieren para operar.
Aunque también existen las centrales de energías renovables, en Sonora, Oaxaca y Veracruz. Hay toda una diversidad de fuentes de energía, pero de donde se obtiene la mayor cantidad es de combustibles fósiles, ya que estos permiten contar con un sistema de electricidad continúo.
¿Si hay diversidad eléctrica, por qué se ha deteriorado el sistema?
México le ha apostado a la diversificación de su sistema eléctrico, lo que es bueno porque no depende solo de un elemento, sobre todo ante el panorama internacional de cambio climático, de esa forma se podrá transitar poco a poco a un cambio.
Sin embargo, a pesar de esos esfuerzos el sistema eléctrico se ha venido deteriorando, pero no es infraestructura sino de las instituciones, se desapareció Luz y Fuerza del Centro, se mermó el esquema de Comisión Federal de Electricidad, olvidándose que estas paraestatales son las grandes empresas de nuestro país.
Esto partió desde la época de los 70 cuando se da la crisis del petróleo, con una presión internacional para que se empiecen a exportar productos, para que otras naciones pudieran acceder a esos recursos energéticos. Desde ese entonces México empezó a ceder muchas cosas.
Algunos especialistas dicen que la reforma tendría un impacto de 260 mil millones de pesos para el gobierno, ¿qué tan cierta es en su perspectiva?
Podría ser real, pero debemos tomar en cuenta que lo que están dejando de pagar esas sociedades de autoconsumo lo están cubriendo los usuarios (mexicanos) mediante los impuestos, mientras que esas empresas que ni siquiera son nacionales, que crean figuras amparadas en la legalidad, se están aprovechando de lo que todos los mexicanos hemos creado.
Hay que tener claro que lo que busca la reforma del presidente no es nuevamente nacionalizar el sistema eléctrico, sino poner el piso más parejo, porque esas empresas han dejado de pagar cantidades multimillonarias por no pagar el porteo, mientras que miles de personas en comunidades apartadas no tienen electricidad, y otros que pagan tarifas muy altas.
No se trata de que el presidente esté en contra de las energías renovables y de una transición energética, sino que está sentando las bases para que el país lo tenga realmente, con independencia y soberanía.
¿Considera que los argumentos de los opositores son de peso?
No hay un argumento sólido ni valido en contra de la reforma. Es muy claro y hay que decirlo, hay contabilizado los millones de pesos que cobró el expresidente Calderón cuando dejó la presidencia y se fue a trabajar a una de las filiares de Iberdrola.
Resulta ahora que Margarita Zavala está en contra, lo que es un conflicto de intereses a todas luces. Su familia recibió recursos de una empresa que se benefició de los negocios que se hicieron en México, legales pero inmorales, por eso no hay un argumento sólido.
Lastimosamente se han utilizado las energías renovables como un caballo de Troya, y algunos quieren seguir en esa tendencia. Hay exfuncionarios que hoy están en el Congreso de la Unión y que se han manifestado en contra, pero que en su momento fueron parte de esos esquemas de gobierno que dejaron entrar a empresas extranjeras.












