"Heriberto Ortiz * CP. Los sistemas de producción en el estado siguen consumiendo al ecosistema; anualmente unas 50 mil hectáreas de bosques son taladas a fin de alimentar hornos para cocer tejas y ladrillos en los más de 700 fogones establecidos en la entidad.
Además, miles de neumáticos altamente contaminantes son consumidos por las llamas de una industria rudimentaria enclavada en la historia atemporal del estado.
Conafor
Se sabe de acuerdo a datos de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y Gobierno del estado de Chiapas que en la entidad anualmente se pierden entre 45 y 50 mil hectáreas de bosques y selvas. Siendo las Zona Altos y Costa las que resultan más afectadas.
Además, se prevé que si esta tendencia se mantiene, al cabo de unos 30 anos el estado habrá perdido sus zonas boscosas.
En este sentido, el especialista de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), José David Solís, jefe del departamento de manejo integral de contaminantes, senaló que los productores estatales deben buscar alternativas menos contaminantes en sus sistemas de producción.
Agregó que la sociedad y sobre todo, las autoridades municipales, desconocen la legislación ambiental y por obviedad ignoran la gravedad de los índices de contaminación actual.
Ladrilleras
En el caso particular de la contaminación y deforestación generada tras la elaboración del ladrillo, (oficio ubicado socio-culturalmente en la región, que ve en esta labor más que un trabajo sino una herencia ligada a sus orígenes) sucede un caso muy particular. Los ladrilleros en cierta medida han tomado conciencia de las consecuencias ecologías que su oficio genera.
Como bien da ejemplo la agrupación conformada por 22 socios y denominada Ladrilleros Unidos de la Ribera de Chiapa de Corzo, quienes a través de diversas gestiones consiguieron un permiso otorgado por la Semarnat que busca reducir la contaminación, a través de la sustitución de quema de árboles y llantas, por la incineración de aceite vehicular en desuso.
En este sentido, la dependencia federal ha dado muestras de interés por reducir el impacto ambiental derivado de la producción de ladrillo, por lo que se espera que más productores se acerquen a la dependencia para recibir más apoyos y orientación.
Sin embargo, existen otros miles de hornos que, ""consecuentados"" por autoridades municipales, siguen consumiendo a pasos agigantados las zonas boscosas del estado. Sin que esto signifique que los productores (sub-contratados, regularmente) estén enriqueciéndose. La pobreza, desigualdad y destrucción de las zonas naturales campean en el estado.
Problemática
Y es que como muestra de la problemática, se puede senalar el caso particular de la Rivera de Chiapa de Corzo, municipio ubicado muy cerca de la capital del estado. En la zona existen alrededor de 150 hornos para la fabricación de tejas y ladrillo.
Estos hornos consumen diariamente mil árboles menores, además de aserrín, llantas, basura, plásticos entre otros desperdicios. Así lo senaló Eliécer Camacho Cortés, presidente de los ladrilleros de la zona.
El dirigente agregó que los árboles son comprados con taladores clandestinos, además de otros vendedores que se acercan a las ladrilleras sabedores que siempre tendrán en ellos a una venta ""segura"".
Es decir, la necesidad de consumo irresponsable de los obreros, desenmascara otra problemática: la tala clandestina a escasos 20 Kilómetros de la capital del estado.
El líder ladrillero senaló que actualmente en la entidad solamente existe un permiso en todo el estado para la utilización de aceite usado como medio operativo en la producción de ladrillo. Y tomando en cuenta que en el estado existen más de 700 fogones reconocidos, más los no registrados la problemática es bastante sería senaló.
Con el ""nuevo"" sistema se reducen -además de los índices de deforestación y contaminación- los precios elaboración y venta. Actualmente por cada ""encendida"" del fogón se gastan 3 mil 400 pesos en compra de lecha, mientras que con el uso de aceite el costo se reduciría a 2 mil 400 pesos.
Este sistema, además de otros muchos como hornos eléctricos y ecológicos, que han sido presentados como alternativas por productores locales, deben ser tomados en cuenta si se quiere detener a la deforestación que día a día consume los pulmones del estado.
Y es que si se toma en cuenta que en regiones como Huixtla, Acapetahua, Tapachula, Villa flores, Cintalapa y Jiquipilas, entre otras muchas zonas continúan talando para producir, el panorama se torna bastante gris.
Así, los sistemas actuales de producción en el estado son herramientas arcaicas que en un pasado eran de suma utilidad, sin embargo, con el paso del tiempo, el crecimiento masivo de la población y la globalización de los modelos económicos -neoliberalismo- se han convertido en sistemas ecocidas. Métodos de producción que, sin embargo la concepción cultural mesoamericana se niega a abandonar.
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