Condenar al deterioro a los radares que vigilan el espacio aéreo nacional es grave si incluso con ellos es difícil detectar el paso furtivo de los narcotraficantes.
La oposición en la Cámara de Diputados se limita a decir que la estrategia del gobierno federal en contra del narcotráfico ha sido un fracaso -en el lado perredista- o es insuficiente -dicen los priístas-, mientras poco hacen para cooperar en este sector. Cómo explicar su negativa a otorgar 2 mil 100 millones de pesos para sustituir los actuales radares.
Quizá consideren más importante los diputados tener dinero suficiente para hacer reuniones de bancada en Los Cabos o en Cancún, meros ejemplos de una serie de derroches que, acumulados, podrían resarcir los agujeros en otros ámbitos prioritarios.
Es cierto que la lucha frontal no será una solución sostenible. Ya lo hemos dicho en otras ocasiones en este mismo espacio: centrar el combate al narcotráfico en su terreno, el de la carrera armamentista y tecnológica, será demasiado costoso e ineficiente si esta guerra se extiende a largo plazo.
Es urgente fortalecer cada vez más el gasto destinado a evitar el consumo entre la población, sobre todo la joven, así como el presupuesto que arrebate a los cárteles el reclutamiento del que se abastecen. Hasta que eso suceda, ni el Legislativo ni el Ejecutivo deben escatimar recursos en hacer frente a los enemigos del país.
Demócratas a la caza del voto latino
El senador Edward Kennedy se inclinó a favor de la candidatura de Barack Obama para presidente de Estados Unidos una semana antes del supermartes, día de las elecciones primarias en 22 estados, entre ellos California y Nueva York.
El apoyo de Kennedy, que tiene más de 40 anos como figura relevante del Partido Demócrata, busca influir en la decisión de sus correligionarios, en particular de la minoría de origen hispano, que tiene una creciente participación electoral.
Las minorías étnicas en Estados Unidos desconfían y compiten entre sí, aunque pueden convenir en trabajar de acuerdo por el mejoramiento de su situación.
En las primarias, el voto de los latinos ha sido más de dos por uno a favor de la senadora Clinton sobre el senador Obama. Como miembros de la clase trabajadora, consideran más cercana a sus intereses a la ex primera dama.
La mayoría de los afroestadounidenses vota comprensiblemente por Obama. No es seguro que la tercera minoría, formada por asiáticos, vote en masa por él.
La competencia por las candidaturas presidenciales ha sido ahora muy renida y es previsible que los aspirantes se alejen rápidamente de los extremos y se aproximen al centro del espectro ideológico, para sumar el mayor número de votos de liberales y conservadores.
Esencialmente las diferencias entre los candidatos son de matices, pero éstos importan. Todos quieren un país más poderoso y rico, pero difieren en el costo que hay que pagar por ello. (El Universal)











