La única fórmula que tenemos los seres humanos para conseguir nuestros objetivos, sin perdernos en el intento, es la evaluación periódica entre los fines que buscamos y los medios que utilizamos para alcanzarlos. Se trata de una actividad de nuestra conciencia que en mucho nos aparta del resto de los seres vivos.
Cuando mayor ejercicio de revisión solemos hacer los seres humanos es precisamente en los momentos de crisis. Justo ahí vale de muy poco el instinto y la reflexión lo significa todo. Desde esta lógica es que por estos días los mexicanos nos merecemos apreciar, juzgar, ajustar y reajustar la estrategia que hemos utilizado para enfrentar la peor y más lesiva de nuestras crisis: la violencia criminal.
Al cumplirse un ano de que se firmara el Acuerdo para la Seguridad y la Justicia no habría de obviarse la necesidad de tomar conciencia sobre la dimensión y la eficacia de las estrategias ahí inscritas.
En este contexto, es lamentable que los gobernantes, los legisladores y los líderes políticos que se reunieron aquel 21 de agosto en Palacio Nacional no se hayan podido reencontrar hoy mismo para devolver a la ciudadanía una apreciación de los logros y las derrotas conseguidos durante este último ano.
Los priístas se habrán negado a la reunión por haber sido acusados durante la pasada campana electoral de artífices del caos delictivo. Los panistas les responderán que esa publicidad se valía con tal de ganar unas cuantas curules de ventaja.
En los hechos, algo se operó políticamente muy mal durante este ano, si los artífices de aquel acuerdo prefirieron dedicar hoy su tiempo a otros asuntos.
Como resultado de esta indolencia, la opinión pública terminará conversando consigo misma. zQué funcionó? zQué falló? zAlguien renunciará? zA quién castigar? Entre otras, son interrogantes que se responderán dentro de esta torre de Babel en la que los mexicanos nos entendemos cada día menos. (El Universal)











