Los lacandones contemporáneos vienen de una visión romántica, pues en las exploraciones del siglo XIX y XX se creyó que eran los descendientes de los constructores de Yaxchilán y Bonampak. De acuerdo a la historiadora Julia Leticia Moscoso Rincón, a quienes llamamos lacandones son descendientes de los mayas yucatecos, que en búsqueda de aminorar los malos tratos de los caciques españoles, ocuparon los territorios de la Selva Lacandona.
En aproximadamente cien años, las poblaciones de Lacan-tum -nombre que al castellanizarse se tradujo como lacandona- tuvieron una reducción que los llevó prácticamente a la extinción, ya que de tener en el año de 1695 una población de 200 personas, para 1769 sólo sobrevivían tres adultos mayores.
“Los lacandones modernos son migrantes del norte de Yucatan, quienes se refugiaron en la selva, un lugar al que los españoles les daba miedo entrar y que fue ocupado por otros pueblos tseltales y choles hacia 1797. Para 1940 y 1960 se dan a conocer al mundo occidental, como caribes”, resaltó la historiadora en la conferencia “Del desierto de Lacandona a la Selva Lacandona”, la cual se llevó a cabo en el Museo Regional de Chiapas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Bajo esa idea romántica, en 1970, el presidente Luis Echeverría decretó la zona lacandona, otorgándole a 66 familias un área de más de 615 mil hectáreas; ocho años después se establece como protección forestal del río Tulijá y la Reserva de la Biosfera Montes Azules, lo cual le redujo área a la comunidad.
Los lacandones, sostuvo, fueron y son un grupo étnico reducido, con una representación poblacional de .50 %; el mayor número de habitantes de la selva es de tseltales, con un 49.9 %.
Sin embargo, sostuvo que el mayor mérito de la región debería ser de los indígenas choles, pues los originales Lacan-tum tenían un lenguaje propio, emparentado con el cholal.












