De forma silenciosa pero constante Tuxtla Gutiérrez ha venido dejando de ser una ciudad de paso para convertirse en refugio de los migrantes que entran por la Frontera Sur del país y que deciden ya no continuar su viaje hacia los Estados Unidos.
Muestra de ello, es el número de indocumentados que atiende la Casa del Migrante Jesús Esperanza en el Camino, ubicada en el barrio San Francisco, albergue con capacidad de 25 personas pero que desde el 2015 se ha casi triplicado el número de migrantes que asisten a este lugar en busca de ayuda.
Esmeralda Gordillo, encargada de este albergue, señaló que a este lugar llegan niños, jóvenes, mujeres y hombres procedentes de Centroamérica, quienes han preferido quedarse en el país y buscan aquellas ciudades más prósperas, como es el caso de Monterrey, Guadalajara, así como el propio Distrito Federal, para poder establecerse.
Refirió que desde la puesta en marcha del Plan Frontera Sur por parte del Gobierno Federal, el acceso de los migrantes por esa zona se ha venido complicado, lo que ha generado que los indocumentados opten por llegar a ciudades como Tuxtla Gutiérrez.
“Desde un año para acá Tuxtla ha dejado de ser un paso para los migrantes y muchos de ellos se quedan donde ya han dejado el sueño americano y ahora han cambiado por el sueño mexicano”, indicó.
Tan solo de enero a mayo del año pasado, el Instituto Nacional de Migración (INM) aseguró y regresó a sus países de origen a 67,653 personas, siendo Chiapas la que registró el mayor número de deportaciones con 29 mil 591 migrantes.
La Casa del Migrante pertenece a la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, donde se mantiene únicamente de las donaciones en especie y económica que hace la ciudadania y asociaciones civiles.
Aunque Chiapas no esta entre las prioridades de los migrantes centroamericanos que ingresan por la Frontera Sur, la falta de recursos para llegar a estados del centro y norte del país, hace que muchos se queden en la capital chiapaneca.
Hay incluso migrantes que han logrado rentar cuartos en Tuxtla y salen a pedir dinero en las principales calles de la ciudad, el cual representa uno de los ingresos que cuenta para poder sostenerse.
Otros han logrado conseguir trabajo, pero son los menos, aseguró.
A este espacio no solo ha aumentado el número de migrantes, sino también los gastos que genera el brindar los servicios y la alimentación y que al mes representa un gasto que va de los 11 mil a los 15 mil pesos.
La situación económica que tiene que lidiar los encargos de esta Casa del Migrante, ha obligado no solo poner un límite en cuanto a las personas que pueden hacer uso de este albergue, sino también el de cerrar los sábados.












