Las cenizas del maestro Pedro Álvaro López, octavo dan de taekwondo, fueron dispersadas en las aguas azules del río Tulijá, ubicado en el municipio de Salto de Agua, de donde era originario.
“Nos juntamos al mediodía del sábado 8 de julio. Era un día con un sol muy bonito, con una leve brisa en el río. Es un lugar al que quería regresar; nunca pensamos que regresaría así, pero era necesario soltarlo para que siga su libre evolución”, dijo su compañera de vida, Shirley Ivonne Coello García, también maestra de taekwondo.
“Le hicimos una ceremonia especial en la que cada uno de nosotros le hablamos y nos despedimos. Su mamá se despidió con unas palabras de agradecimiento y liberación, y cómo debemos de recordarlo. Eran sus cenizas las que quedaban de él y las soltamos en el río para que pueda seguir”, agregó.
Álvaro López, originario del ejido El Zapote, municipio de Salto de Agua, falleció el 11 de abril de 2022, y fue su deseo que sus cenizas fueran tiradas en las aguas azules del río Tulijá.
“Fue una ceremonia muy emotiva; llegaron sus padres, sus hermanos, sus hijos y yo, además de amigos; ese es el lugar que lo vio nacer y que él tanto amaba. Es el río que lo vio nacer, donde creció y aprendió a nadar”, comentó Coello García, quien recientemente obtuvo la cinta negra cuarto dan de taekwondo.
Jorge Alberto Ruiz Cacho, compañero de taekwondo de muchos años y amigo entrañable de Álvaro López, le expresó: “Entre el compás de tu andar y la escuadra de tus acciones, hallaste la grandeza del universo. Me grabé tu rostro para que cuando me toque trascender pueda localizarte”.
En entrevista, Coello García recordó que Álvaro López salió a los 7 años de su casa ubicada en El Zapote, hacia Yajalón. “Tuvo prácticamente dos familias con las que había una conexión muy grande. A los 13 años vino a San Cristóbal a estudiar, pero cuando descubrió las artes marciales, dejó todo. Lo tenía claro desde pequeño porque decía que iba a ser karateca. Era octavo dan, es decir, estaba a un paso del máximo grado en taekwondo cuando falleció”.
Afirmó que la urna con las cenizas de Pedro fue colocada en una balsa de bambú “para liberarlo, pero la urna es pesada y no pudimos colocarla como queríamos, por lo que sus hijos, un hermano y yo nos adentramos en el río para depositar la urna, que era especial porque se desintegra con el agua. Lo soltamos y le dirigimos unas palabras. Nos despedimos. Estábamos todos reunidos en el río. Como 40 minutos duró la ceremonia”.
Agregó: “Pedro creía que hay un ser superior, una divinidad masculina y femenina y que nosotros seguimos evolucionando y estando en algún otro lugar donde nos toque seguir. Nosotros estamos aquí y él sigue su evolución, ¿dónde?, no sabemos, quizá algún día todos vamos a saberlo. Para liberarlo y soltarlo hicimos esa ceremonia. Fue muy emotiva. Son muchos sentimientos encontrados todavía. A pesar de que ya pasó un año y tres meses, ha sido complicado. De manera personal y para los niños, el desprendimiento no ha sido tan fácil, nos cuesta un poco asimilar lo que es natural”.
Recalcó: “Soltarlo fue liberador. De nuevo brotaron los sentimientos y al final nos sentimos muy tranquilos. Y seguro vamos a seguir regresando al río, un lugar muy bonito”.
Dijo que una mínima parte de las cenizas de su compañero de vida fueron depositadas “en contenedores pequeñitos como dijes, que algún día los niños podrán portar y saber que parte de su papá está ahí, aunque veo que parte de él vive en ellos, está muy viva en sus hijos, para que ellos estén más tranquilos porque ha costado un poco el desprendimiento; tener la urna era diferente a soltarla, pero también es bueno porque abre caminos para que sigamos fluyendo. Es necesario. Nosotros seguimos aquí y necesitamos continuar caminando con la guía y el cuidado de él, que vive adentro de nosotros”.












