De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 2015 y el 2050 la población en edad adulta mayor se duplicará de 12 a 24 %, por ello, es importante que las instituciones y especialistas comiencen a estudiar más y a su vez fortalecer su capacidad de atención a los trastornos de la edad.
Yadira del Carmen Flores Juárez, del Departamento de Vigilancia y Programas Preventivos, comentó que algunos trastornos propios de la edad son la depresión, demencia, ansiedad, consumo de sustancias, Alzheimer y otros. Todos pueden afectar la calidad de vida de la persona y a sus familiares cercanos.
En el caso de la depresión, indicó que las señales de alarma generales son el aislamiento, la pérdida de interés en actividades cotidianas, desesperanza, falta de apetito, fatiga, dolencias físicas sin causas (en algunos casos), y cambios de comportamiento.
Las mujeres son más susceptibles por su capacidad de expresar sus sentimientos y los procesos hormonales propios del género, pero en el caso de los hombres, son más vulnerables a cometer suicidio, esto por no expresarse debido a los estereotipos que han aprendido, como que los hombres no lloran o no deben hablar de sus sentimientos.
Los familiares juegan un papel muy importante, ya que son el factor protector primario, debido a que brindan el soporte emocional que necesitan, es decir, cariño, palabras de aliento, acuerparlo, atender sus necesidades primarias, platicar, etcétera. Es importante entender que sus capacidades cambian, pero no debe cambiar el trato hacia ellos.
Dijo que la población adulta mayor ha sido la más vulnerada y es poco vista en diversos aspectos, por ello se debe fortalecer su atención en todos los sentidos: en lo familiar, con especialistas y las instituciones, porque cada ser humano llegará a ser un adulto mayor y se merece una calidad de vida digna.
Recordó que con la pandemia los adultos mayores fueron los más afectados, ya que sufrían los cuadros más graves y en muchos casos no lo superaron, lo que causó una histeria colectiva fuerte. Incluso afectó a su salud mental, por el temor a ser contagiados, viéndose lacerados en diferentes aspectos.
Esa afectación se agravó más porque, en el afán de protegerse, dejaron de salir y realizar sus actividades, de acudir al médico, de socializar, de ejercitarse; por ejemplo, a los que vivían solos los dejaron de visitar, a fin de no arriesgarlos. Todo eso tiene un impacto en la salud mental de cualquier persona.
Para ellos se implementó también las asesorías psicológicas vía telefónica, y una vez que se dio la apertura, lo primero que se reactivó fueron las terapias físicas, la rehabilitación y las consultas para los adultos mayores.












