Derecho a la salud, el más violentado

Según testimonios, los migrantes siguen padeciendo alta xenofobia. Carlos López / CP
Según testimonios, los migrantes siguen padeciendo alta xenofobia. Carlos López / CP

“Las mujeres que andan con la menstruación no tienen donde asearse, y lo peor, no tienen toallas sanitarias ni cómo comprar”, dijo Yanneth Gil Ardón del albergue Una Ayuda Para Ti Mujer Migrante AC, a fin de contextualizar la situación de los campamentos implementados en las terminales de autobuses en Tuxtla Gutiérrez.

Hace más de un mes, después de que iniciaran las investigaciones para deslindar responsabilidades por lo sucedido en Ciudad Juárez, el Instituto Nacional de Migración (INM) comenzó a ofertar traslados “gratuitos” partiendo de los municipios fronterizos de Suchiate y Tapachula, con destino a la capital de Chiapas.

No hay opciones de regularización y de acuerdo con los testimonios recabados por esta casa editorial y por la sociedad civil, las personas migrantes y solicitantes tampoco reciben información ni para ubicarse de forma geográfica.

Los grupos de personas de diferentes nacionalidades han tomado las terminales de autobuses porque consideran que son sitios con constante circulación de personas y, por lo tanto, más seguros.

Pero Gil Ardón agregó que las condiciones son precarias, pues los empleados de la empresa de transporte de pasajeros no les permiten usar el baño, también les niegan la entrada a la plaza comercial que se encuentra a un costado.

“No tienen dónde bañarse, piden dinero en los semáforos para poder comer, algunos venden dulces pero no les alcanza porque andan varias niñas y niños. Algunos tienen tienda de campaña, pero la mayoría no y duermen en cartones”.

La defensora de derechos humanos salvadoreña radicada en Chiapas, después de visitar el campamento, dijo que 100 platos de comida son insuficientes por la cantidad de personas, y muchas de ellas tienen malestares estomacales, “no comen a sus horas, no hay cómo”.

“Nosotras seguiremos apoyando como siempre, algunos de ellos llegan al albergue a comer y allí logran bañarse; comer y obtienen ropa, un kit de higiene personal.

“No quieren albergue por no separarse del grupo de migrantes. Además, casi todas andan con sus esposos y en el Albergue de la Mujer Migrante no recibimos hombres para dormir y ellas prefieren estar con ellos y sus hijos juntos”, explicó.