Desde adentro y hacia arriba

Francisco Valdés Ugalde / El Universal. No, no es albur. Los países que han logrado un mejor desempeno lo han hecho por sus esfuerzos y políticas endógenas, y porque han sabido promover el capital humano de sus poblaciones elevando sus condiciones de vida y aumentando su capacidad de iniciativa.

Una de las ensenanzas de la crisis financiera global es que las recetas únicas no pueden aplicarse sin convocar catástrofes. Nada sustituye a la imaginación colectiva de cada pueblo para construir la estructura económica, social y política que le permita desarrollarse y tener un desempeno a la altura de sus necesidades y aspiraciones.

Pero no todos lo consiguen. Hay una ley de hierro que determina quiénes tienen éxito y quiénes fracasan o se mantienen en la medianía en tal empeno. Y esta ley indica que los países que tienen mejor desempeno en las diferentes áreas de su vida lo consiguen gracias a un esfuerzo endógeno y a un proceso de elevamiento a condiciones de igualdad de ciudadanía social, económica y política de las capas más bajas de la población para acercarlas a las que están más arriba.

En este esfuerzo endógeno y de abajo hacia arriba hay dos elementos clave que determinan el buen desempeno de una economía y un Estado. El primero es establecer condiciones de libertad e igualdad de acceso a las oportunidades económicas y, además, fórmulas de protección de esa libertad e igualdad entendidas como derechos. El segundo es institucionalizar derechos políticos impersonales y garantizar su cumplimiento por parte de todos los miembros de la sociedad.

Sin estas condiciones, por más grandes que sean las sumas que se inviertan en la economía, ya sea en infraestructura o en empresas productivas, las ganancias van a parar en las mismas manos y no a distribuirse entre la población mejorando su bienestar. De hecho, los países más ricos del mundo crecen a tasas menores que los países menos ricos en los periodos de crecimiento; pero también disminuyen en menor grado su ritmo de crecimiento cuando hay periodos de crisis. Lo mismo puede decirse del ingreso: en los países ricos cae en menor medida el ingreso per cápita en los periodos de vacas flacas mientras que en los países menos ricos esas caídas son mucho más acusadas.

Esta es sólo una pequena muestra de la diferencia entre países en la aplicación efectiva de las condiciones fundamentales para desarrollarse económica y políticamente.

México es un caso ejemplar de medianía, al igual que casi todos los países de América Latina. Buena parte de su crecimiento se explica por la captación de inversión foránea, mientras que se mantienen condiciones oligopólicas y oligárquicas (estatales o privadas), en el funcionamiento de su estructura económica y social. Además, en este país, como dice el dicho, hay unos que son más iguales que otros. Los que están arriba de las pirámides económica, política y social reciben privilegios que les facilitan apropiarse de la riqueza y de los beneficios generales desplazando a los que están en medio o en la base.

Nuestros esfuerzos para desarrollarnos a partir de condiciones endógenas siguen siendo precarios e insuficientes; lo mismo pasa con las instituciones que deben resguardar y garantizar la igualdad política y los derechos impersonales. Estas son razones que explican por qué estamos como estamos.

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Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM