Desempleo a los 35 anos

La crisis del desempleo está incidiendo ahora en el sector de mayores de 35 anos, no de 40. Las empresas prefieren a los trabajadores jóvenes porque aceptan salarios menores que los profesionales sin las prestaciones que la ley impone. Así, muchos patrones se rodean de empleados no calificados y desdenan la mano de obra, la aportación intelectual, la experiencia y la madurez de los mayores.

En un país urgido de plazas laborales, que el Instituto Nacional de Estadística e Informática estima en millón y medio, el problema se agudiza. Entre los solicitantes de empleo rechazados por su edad se cuentan inclusive profesionales con dos títulos universitarios y desempeno laboral debidamente certificado. Ellos se quedan sin empleo, pero las empresas pierden personal capaz a cambio de ahorros fugaces que a la larga pueden representar pérdidas en su desarrollo y competitividad en sus mercados.

Un trabajador experimentado no sólo ha afinado sus habilidades profesionales laboralmente, sino que también ha asimilado las nuevas y modernas disciplinas de los puestos que son valioso complemento indispensable en las tareas de las empresas de nuestros tiempos.

En ellos, las mismas u otras companías, o incluso oficinas gubernamentales, invirtieron tiempo, dinero y entrenamiento para hacerlos llegar hasta su nivel presente. Condenarlos ahora al desempleo es desperdiciar cuadros profesionales todavía con una larga vida productiva por delante.

Por otra parte, el límite de la edad laboral es cada vez más reducido por la fuerza del mercado de trabajo, de 14 a 12 anos la edad de los nuevos trabajadores; de ahí que la diputada María Esther Scherman haya propuesto una iniciativa al Congreso de la Unión para que actualice, en el terreno de la igualdad, el derecho al empleo y la prohibición de la discriminación.

El panorama no es tan sencillo como para explicarlo con la consabida, aunque infalible, ley de la oferta y la demanda. Encubre una grave desconsideración social desechar a trabajadores en pleno uso de sus facultades y preferir a gente muy joven por el sólo hecho de que aceptan menores condiciones laborales por la urgencia de obtener algún ingreso. Ciertamente, esta ocupación es indispensable dada la condición de desajuste laboral y económico en el país, pero ello no significa que sea justo pues muestra un serio desequilibrio económico y social.

Desemplear a gente en plenas facultades de productividad y conocimiento atenta, incluso, contra los intereses de las empresas, que invierten cuantiosas sumas en instalaciones, organización, patentes, publicidad, distribución y servicios, pero que por fallas de tipo legal y aun de su propia concepción laboral, regatean en el personal que va a tener bajo su responsabilidad el manejo, la administración, la producción y las ventas, y que constituye el punto final del engranaje comercial.

Hay razones para poner límites a la edad mínima de los trabajadores, que deben por lo menos haber concluido cabalmente la etapa de su desarrollo físico. Del mismo modo debe eliminarse cualquier límite hacia arriba, mientras no estén afectadas las facultades de los empleados. Sobran en el mundo ejemplos de hombres que han permanecido vigentes hasta muy avanzada edad en todos los campos de la actividad humana que no requieren condiciones físicas excepcionales.

Este es un tema que requiere la atención esmerada de las autoridades del trabajo, de las instituciones de seguridad social y, sobre todo, de la Cámara de Diputados y del Senado de la República. México no puede darse el lujo de prescindir arbitrariamente de los ciudadanos mayores de 35 anos. (El Universal)