Desencuentros en Argentina

Ayer se inauguró en Mar del Plata, Argentina, la IV Cumbre de las Américas, con la presencia de 32 jefes de Estado del hemisferio, en medio de una evidente desorganización y fuertes manifestaciones sociales en las calles de ese país, donde casi 10 mil manifestantes repudiaron la presencia del presidente estadounidense George W. Bush y lo que, dicen, éste representa en la falta de integración de los países de América Latina. Aun cuando la reunión tenía como propósito convertirse en la punta de lanza de la unidad económica latinoamericana, a través de la suscripción unánime de acuerdos comunes para enfrentar pobreza y desempleo, el hecho es que no se ha podido concretar una estrategia homogénea, sobre todo por las divergencias en torno de la iniciativa de EU de conformar el área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), ampliamente respaldada por naciones como Chile, Colombia, Canadá e incluso México, entre otros; muy cuestionada por parte de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay; y de plano rechazada por Venezuela.

Los cabildeos previos de los negociadores, cancilleres, ministros y aun mandatarios no dieron frutos y, una vez más, América Latina vuelve a aparecer como un bloque mundial dividido, enfrentado y débil, muy expuesto a los embates comerciales y políticos del propio Estados Unidos, la Unión Europea y las nuevas naciones emergentes de Asia. El anejo sueno latinoamericano de enfrentar unidos los avatares de la convivencia internacional languidece por esta atávica carencia de habilidad para priorizar lo importante y dejar a un lado las divergencias coyunturales.

La integración del hemisferio no podrá lograrse con reuniones como la celebrada ayer, que además de carecer de orden y significar un gran gasto para cada país participante, tuvo como principal obstáculo la presencia, siempre debatida, de Estados Unidos, cuyo liderazgo en la región es rechazado por un buen número de naciones. Sobre todo en un tema como el del libre comercio, cuyas bondades distan mucho de ser contundentes en aquellos países que han abrazado tal premisa como panacea para todos sus males económicos.

Hace tres décadas predominaba en Latinoamérica una corriente de pensamiento económico que postulaba la posibilidad de que los países del continente crearan una tercera opción comercial y financiera, que tomara en cuenta las particularidades de la región a la hora de buscar su integración. El mundo ha cambiado mucho desde entonces y quizá las premisas ideológicas de dicha corriente hoy no son ya las adecuadas; sin embargo, no es descartable la idea base de levantar un bloque regional capaz de ser autosuficiente en materias primas, empleo, maquila y comercio, que al tiempo que convive con el resto del mundo y se nutre de él, pueda obtener su fortaleza de la suma de las virtudes de cada país de la zona.

Esta suma de fortalezas es la que no se ha podido construir. La integración latinoamericana ha de amalgamarse, no en reuniones protocolarias de un día, sino a partir de que exista, primero, una verdadera voluntad para el acercamiento y, segundo, que se puedan conjurar los voluntarismos e intereses egoístas que no dejan que nuestros pueblos enfrenten con eficacia problemas como el desempleo y la pobreza.

Es lamentable que se haya perdido una nueva oportunidad para dialogar de manera conjunta. Este tipo de reuniones, debe llevarse a cabo con base en una sólida base de negociación, donde cada pieza del continente esté dispuesta a proponer certezas en lo que se refiere a la integración y que se haya logrado poner un límite a las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos. (El Universal).