Aun sin recuperarse del embate del ciclón Stan , México fue duramente golpeado por el huracán Wilma , el más poderoso de la historia reciente, que causó varias muertes, devastó una rica parte de la Riviera Maya, dejó miles de damnificados, desquició las comunicaciones y los servicios públicos y dio lugar a excepcionales, pero asimismo condenables, actos de rapina similares a los de Nueva Orleáns después de Katrina.
De alguna forma, la tragedia fue mitigada por las acciones previas de protección civil, que pusieron en resguardo a la población y promovieron una vasta evacuación de los sitios turîsticos más afamados de México, que tienen a Cancún como punto de referencia. Esa acción salvó cientos de vidas. Ahora estamos en la etapa de la evaluación precisa de los danos, que sólo en la infraestructura hotelera de Cancún se estima en millones de dólares, además de danos irreversibles en atractivos naturales, asî como pérdidas de playas que podrîan ser restituidas.
La vigilancia para contener los saqueos de casas y comercios demanda el cuidado de las fuerzas del orden, tanto municipales, como estatales y federales, asî como la máxima severidad permitida por la ley para frenar los actos de vandalismo. No se recuerdan latrocinios similares durante otros desastres naturales ocurridos en México, en los cuales la solidaridad y generosidad de la gente ha sido conmovedora.
No conocemos todavîa el monto de los recursos que el gobierno federal destinará a la reconstrucción de la zona, al apoyo a los damnificados y a la reanudación de las actividades económicas y productivas de la región. Debemos saber con precisión de cuánto se dispone, en este caso, del Fondo Nacional de Desastres Naturales y de otras fuentes que no sean las de los excedentes petroleros, los que, para ser utilizados en estas tareas deberán seguir un procedimiento legislativo que parece haberse iniciado, pero que impactará hasta 2006. De la misma forma, los recursos asignados deberán ser administrados con orden y transparencia y cuyas aplicaciones y resultados deberán ser puestos en conocimiento público a fin de saber el beneficio y la obra de reconstrucción hecha con éstos. La tarea de reconstrucción es colosal, complicada, costosa y, sobre todo, debe ser transparente. En principio, hay que restablecer los servicios públicos, comunicación, energîa, agua, carreteras, puentes; reparar inmuebles; restaurar los centros de recreo, cuidar que la gente tenga lo necesario para restablecer su vida normal, garantizar la salud, reabrir las escuelas, regularizar el abasto. Todo ello requiere organización, disciplina, honestidad y buena disposición de los funcionarios públicos y de todos los que colaboren en esta tarea. Los destrozos que Wilma dejó a su paso deben ser un reto para demostrar nuestra capacidad de organización civil y de recuperación frente a golpes de la naturaleza de esta magnitud en cualquier parte del paîs. De la misma forma, lo ocurrido es una advertencia para que en el futuro siempre se tengan a punto los programas de salvamento previo, de coordinación gubernamental y civil para disminuir los estragos de estos fenómenos y, sobre todo, garantizar recursos suficientes en el Fondo Nacional de Desastres Naturales.
Ahora, la tarea de reconstrucción comienza y es labor de todos salir adelante de forma airosa y pronta.
Si antes del golpe de Wilma fuimos capaces de actuar a la altura de las circunstancias, después del paso del huracán, los gobiernos locales y el federal deberán asumir una conducta digna de la culminación de este operativo. (El Universal).











