Destrucción

"Jean Meyer * El Universal. Mi artículo del 23 de enero sobre la destrucción de nuestras playas y de las reservas ecológicas por la industria turística del ladrillo provocó un alud de comentarios. Mis agradecimientos a todos los que se tomaron la molestia de escribir, lo que me obliga a compartir con ustedes señalamientos y datos. ""C. D."" observa, con toda razón, que no se puede ""culpar del todo a nuestros ricos; parte del olvido de las costas mexicanas tiene que ver con el gobierno y la población no rica"".

Tan es así que, en un ejemplo espléndido de alianza para la destrucción, el Consejo Coordinador Empresarial del Caribe anunció el 27 de enero que formará un frente común con el empresariado nacional en los 17 estados turísticos del país, para echar abajo las modificaciones, hechas para bien, a la Norma Oficial Mexicana 059, que pretende aumentar la protección de manglares, al elevar los cuatro tipos de mangle a categoría de especies amenazadas. Amenazadas por los intereses de este CCE del Caribe, en contubernio con las autoridades estatales y municipales, frente a la impotencia del Estado federal. Desde antes, el tristemente famoso CCE del Caribe había promovido ante un juzgado el primer amparo contra la aprobación de dichas nuevas normas. ¿Su argumento? Que Semarnat no había convocado a los interesados para discutir las modificaciones, las cuales, desde luego, no aceptan.

La Norma Oficial Mexicana 059 entró en vigor el 31 de diciembre de 2010 y el organismo empresarial, ni tarde ni perezoso, se lanzó en un segundo recurso judicial para conseguir un amparo. Esta ofensiva empresarial contra los manglares no es para sorprender. Su destrucción en las costas de Estados Unidos contribuyó a la ruina de la Nueva Orleáns cuando el huracán Katrina. Hace cuatro años que luchan dichos empresarios, con sus aliados políticos y administrativos, para tumbar el artículo 60 TER de la Ley General de Vida Silvestre, que prohíbe actividades que dañen los manglares. Ahora no pueden aceptar que la nueva NOM 059 salve los manglares de su ""desarrollo cultural de ecoturismo"", bonitas palabras que disimulan la destrucción total de la naturaleza.

""F.M."" escribe que ""Holbox no es el único lugar o manglar que está padeciendo la devastación por proyectos de turismo masivo. Como empresario retirado, opté por hacer mi casa en un arrecife justo frente al mar y a un lado de la laguna de (...), me permito enviarle fotos de animales que se acercan todos los días. El drama más intenso se desarrolló entre 2008 y 2010, pues 250 pelícanos murieron entre la barra y Zihuatanejo, parte de los pelícanos mostraban los estragos de palos dados con pértigas, con alas quebradas o envenenamiento masivo. Hampones, dedicados en parte del día a la pesca informal, golpearon a estos infelices que les disputaban la pesca, o les ofrecieron peces envenenados. El dantesco espectáculo fue rápidamente disimulado por los fritangueros y restauranteros que enterraron precipitadamente las aves muertas en la arena, para evitar daño al turismo de la zona. Nunca se supo de los cadáveres llevados a México para ser analizados en el laboratorio de la Semarnat. Sólo silencio, comprado por la oficina de turismo"".

De Guerrero reportan el desastre ocurrido, en medio de la laguna de Coyuca, en las tres islas de pájaros, teórico santuario de aves, algunas incluidas en el catálogo de Semarnat (NOM 49) como especies en vía de extinción. De Veracruz, viene la noticia de que la costa central está amenazada por ""unos gandallas que se quieren adueñar de terrenos que son dunas costeras"". Y la lista es larga de gritos de alarma que provienen de Colima, Jalisco, Nayarit, Baja California, Oaxaca.

De Oaxaca, mi corresponsal dice: ""Si México puede ser considerado un país en vías de desarrollo, Oaxaca es un estado pobre, pero la costa oaxaqueña, más atrás de la brisa de mar y los hoteles, es terriblemente pobre. El salario por la 'derrama económica' del turismo es muy bajo y mal distribuido en lugares que dan precios caros tanto a turistas como a locales. Los gobiernos estatales y municipales, al creer en este tipo de 'desarrollo', dan a diestra y siniestra permisos para grandes hoteles que dejan una enorme huella ecológica en el entorno ya frágil de las costas. La población cree que entre más turistas, más dinero"". Eso es un espejismo (resumo la carta). Nuestras costas no pueden estar ""destinadas a ser lugares 'paradisiacos' con gran desarrollo hotelero, campos de golf, minisúpers de franquicia, departamentos de lujo 'con vista privilegiada al mar'"".



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*Investigador del CIDEvt

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